EL AGUILA PERDIDA por Artur Balder (ficcion)


ENTRADA LA TARDE EMPEZARON A ESCUCHAR LLAMADAS DE TROMPAS QUE SE ABRÍAN PASO A TRAVÉS DEL PAISAJE. LOS GERMANOS AVANZABAN RÁPIDAMENTE POR LOS ALTOS DE LOS ALREDEDORES, EVITANDO LOS TERRENOS INUNDADOS, TRAS SU RASTRO. SUS PRESAS ESTABAN AGOTADAS, PERO SABÍAN QUE LA MUERTE SERÍA SEGURA SI ABANDONABAN AQUEL LECHO INUNDADO EN EL QUE NO DEJABAN HUELLAS. DURANTE TODO EL DÍA, EL SEGUNDO TRAS EL INICIO DE LA EMBOSCADA, UNA MONÓTONA LLUVIA GRIS SE HABÍA FILTRADO EN LA SELVA Y EL FONDO DE LA FLORESTA, UNA CUNA ENTRE BRAZOS DE COLINAS PEDREGOSAS, SE HABÍA CONVERTIDO EN UNA CORRIENTE DE LODO QUE SE FRAGMENTABA EN MIL TORRENTES PARA SORTEAR LAS DIFICULTADAS Y VOLVERSE A REUNIR CUANDO EL TERRENO SE VOLVÍA MÁS LLANO. DECIDIERON DORMIR SUBIDOS A LAS RAMAS DE LOS ÁRBOLES. CALDUS NO QUISO OÍR NADA RELACIONADO CON ABANDONAR LA RUTA ESCOGIDA. ERA LA MÁS DIFÍCIL Y ESTABA EMPEZANDO A HACER MELLA EN SUS CUERPOS, PERO ERA LA ÚNICA QUE OFRECÍA ALGUNAS GARANTÍAS DE SUPERVIVENCIA. CON SUERTE, LOS MÁRSEROS DE LOS BOSQUES SE CANSARÍAN, Y, ATRAÍDOS POR EL OLOR DE LOS BOTINES Y DE LAS RECOMPENSAS FÁCILES Y CONSCIENTES DE SU VICTORIA, INICIARÍAN COMBATES CON OTROS RÉGULOS GERMANOS POR EL REPARTO DEL ORO Y DE LAS TELAS, DE LAS ARMAS, DE LOS CARRUAJES QUE HUBIESEN SOBREVIVIDO AL PRIMER EMBATE DE LA CÓLERA. ESO LES PERMITIRÍA DESLIZARSE SECRETAMENTE HACIA EL SUR, Y CALDUS GUARDABA LA ESPERANZA DE ENCONTRARSE CON OTROS GRUPOS DISPERSOS DE SUPERVIVIENTES, IGUAL QUE LAS AGUAS, FLUYENDO CON LOS TORRENTES HACIA EL SUR, EN BUSCA DEL GRAN CAMPAMENTO DE ALISO Y DE LA RUTA DEL LUPIA QUE DESCENDÍA HASTA EL RHENUS.
SOBREVIVIR Y SALVAR EL ESTANDARTE DE LAS GARRAS DEL PÉRFIDO ENEMIGO ERAN UNA MISMA COSA. AQUEL GRUPO DE LEGIONARIOS CARECÍA DE SENTIDO PARA ÉL SIN EL SÍMBOLO CON EL QUE CARGABAN. NECESITABA AQUELLA VICTORIA PERSONAL PARA PALIAR EL INMENSO DESASTRE EN EL QUE SE HABÍAN PRECIPITADO SIN HONOR ALGUNO.
LOS VIEJOS ÁRBOLES OFRECIERON UN COBIJO PRECARIO. LLEVABAN YA CASI UN DÍA ENTERO CAMINANDO EN MEDIO DE AGUAS TORRENCIALES, SUCIAS Y GÉLIDAS. LA IMPOSIBILIDAD ABSOLUTA DE ENCENDER UN FUEGO EMPEORABA SUS PERSPECTIVAS. SE ACOMODARON COMO PUDIERON ENTRE LAS HORQUILLAS DE LAS RAMAS Y TRATARON DE CONCILIAR UN SUEÑO INGRATO.
DURANTE AQUELLAS LARGAS HORAS CALDUS SE AFERRÓ A PENSAMIENTOS DUROS COMO JAMÁS HABÍAN AFLORADO EN SU MENTE, Y SINTIÓ QUE LA DECISIÓN DE MORIR ERA PARA ÉL SENCILLA COMO EL AIRE QUE RESPIRABA. NO SUPO SI POR ACCIÓN DE UNA LARGA EDUCACIÓN, O SI GRACIAS A LA VENERACIÓN DE CIERTOS IDEALES ESTOICOS, LOGRABA ABRIRSE PASO COMO UNA REVELACIÓN DIVINA EN CIERTAS MENTES CAPACITADAS PARA ELLO, PERO SU COMPLETO CARÁCTER Y ÁNIMO SE VOLCARON EN LA DECISIÓN DE MORIR ACOMETIENDO SU OBJETIVO. DEJÓ DE PRESTAR ATENCIÓN A LA TOS Y AL FRÍO, Y LA PROPIA ACCIÓN CONTINUA DE LA MENTE PARECIÓ RESUCITAR UN CALOR QUE ABANDONABA A OTROS, CUYA ÚNICA PREOCUPACIÓN SECRETA ERAN EL DESÁNIMO Y LA PESADUMBRE. LA TRISTEZA NO SE ABRIÓ PASO HASTA SU CORAZÓN Y MUCHOS RECUERDOS QUE PARA OTROS ERAN MOTIVO DE TORTURA FUERON DESECHADOS POR AQUELLA TENACIDAD DEL SUPERVIVIENTE. ASÍ LE ENCONTRÓ UNA MADRUGADA GRIS.
LA LLUVIA CONTINUABA CAYENDO, CUANDO LA SEGUNDA MAÑANA DESCENDIÓ OPACAMENTE ENTRE LOS ÁRBOLES. CALDUS PUSO EN MARCHA A SUS HOMBRES, UBICANDO EL ESTANDARTE EN EL CENTRO DE LA COLUMNA, Y ORDENÓ QUE A PARTIR DE ESE MOMENTO FUERA PORTEADO POR DOS HOMBRES Y QUE NO SE SOSTUVIESE EN PIE, PARA EVITAR QUE DESPLAZASE LAS RAMAS Y LLAMASE LA ATENCIÓN INÚTILMENTE. NADIE DISCUTIÓ SU DECISIÓN.


FUE ENTRADA LA TARDE CUANDO LA CALMA DE MUERTE FUE INTERRUMPIDA POR UN VIENTO HURACANADO Y UNA NUEVA TORMENTA COMENZÓ A DESCARGAR LLUVIA SOBRE LOS BOSQUES. LAS AGUAS COBRARON ÍMPETU A SU ALREDEDOR Y UNO DE LOS HERIDOS, QUE HABÍA EMPEORADO MUCHO DURANTE LA MAÑANA, YA ESTABA MUERTO CUANDO SE ACERCABA LA NOCHE. PREOCUPADOS POR SORTEAR LAS DIFICULTADES DEL TERRENO Y RESISTIR EL FRÍO Y LA HUMEDAD, SUS PORTEADORES SE HABÍAN CONFORMADO CON RESISTIR EL PESO DE LAS PARIHUELAS, Y CUANDO QUISIERON DARSE CUENTA CARGABAN CON UN CADÁVER. CALDUS ORDENÓ QUE SU CUERPO FUERA CARGADO HASTA UN LUGAR MÁS FIRME, DONDE LE DARÍAN SEPULTURA. EL FRÍO YA EMPEZABA A COBRARSE NUEVOS ENFERMOS. LOS HOMBRES SE DEBILITABAN EN AQUELLAS CONDICIONES. CALDUS VEÍA SUS ROSTROS DEMACRADOS Y PÁLIDOS, OLVIDÁNDOSE DE QUE EL SUYO DEBERÍA ESTAR IGUAL O PEOR.
ANTES DE QUE LA LUZ SE EXTINGUIESE FUERON EN BUSCA DE UNA DE LAS ORILLAS. CALDUS Y DOS HOMBRES MÁS ABANDONARON EL GRUESO DE LOS HOMBRES. SE ACERCABAN A UNA ZONA MENOS PROFUNDA CUANDO EL SONIDO DE UNA TROMPA, NO DEMASIADO LEJANA, PUSO EN ALERTA EL ROSTRO DE CALDUS. SE INCLINARON SIGILOSAMENTE HASTA QUE EL AGUA PASABA RELAMIENDO SUS LABIOS. LAS HIERBAS FLOTANTES SE ENREDABAN EN TORNO AL CASCO Y EL FRÍO ATENAZÓ SUS CUERPOS, PERO CALDUS CONTINUÓ AGAZAPADO EN LA SUPERFICIE COMO UN ANFIBIO. TRAS AVANZAR LENTAMENTE ENTRE MONTONES DE MATAS, DESCUBRIÓ UN GRUPO DE MÁRSEROS EN LA ORILLA DE LA INUNDACIÓN. EL VIENTO ARRANCABA UN ZUMBIDO ENSORDECEDOR A LOS ÁRBOLES. CALDUS SE DIO CUENTA DE QUE NO ERAN MÁS DE CUATRO O CINCO. SI LOS ATRAPABAN POR SORPRESA PODRÍAN ELIMINARLOS.
LOS MÁRSEROS SE EMBADURNABAN EL ROSTRO CON UNA TINTURA ROJA. DESPUÉS SE INCLINABAN Y CORTABAN PEDAZOS DE UNA CARNE QUE LLEVABAN OCULTA EN UNA ESPECIE DE PIEL DE GAMO. CALDUS TUVO UNA EXTRAÑA PREMONICIÓN Y AVANZÓ DANDO UN RODEO. SUS DOS COMPAÑEROS DEJARON LAS PARIHUELAS Y EL CADÁVER OCULTOS ENTRE UNAS MALEZAS E INICIARON UN RODEO POR EL OTRO EXTREMO.
CUANDO ESTUVO SUFICIENTEMENTE CERCA, CALDUS SE DIO CUENTA DE QUE SUS SOSPECHAS NO ERAN INFUNDADAS. LO QUE LOS MÁRSEROS LLEVABAN EN LA PIEL NO ERA SINO UNA PIERNA HUMANA. OBSERVÓ POR UN MOMENTO LAS ACTITUDES DE AQUELLOS BÁRBAROS, SUS ADEMANES, LA ABSOLUTA CARENCIA DE HUMANIDAD, LOS OJOS FIEROS Y VIGILANTES, ENTERRADOS EN UNAS CUENCAS OCULARES PINTADAS DE NEGRO. ESTABAN SUFICIENTEMENTE CONFIADOS. SE SENTÍAN SEGUROS. SIN SABER SI ERA O NO EL MOMENTO, CALDUS EMERGIÓ LENTAMENTE DEL AGUA, OCULTO POR LAS MALEZAS. CONTROLABA SU RESPIRACIÓN, SU TOS, SUS OJOS MIRABAN FIJAMENTE AQUELLOS PECHOS DESCUBIERTOS, LAS PIELES DE OSO CON QUE SE CUBRÍAN LOS HOMBROS, LAS CRESTAS APELMAZADAS, LAS CABEZAS RAPADAS EMBADURNADAS CON LA SANGRE DE SUS SACRIFICIOS.
SIN PROVOCAR RUIDO ALGUNO, SIN DEJAR ESCAPAR UN GEMIDO O UN ESTERTOR DE PASIÓN, CALDUS PISOTEÓ EL BARRO Y SE ARROJÓ HACIA DELANTE ALZANDO LA ESPADA.
EL MÁRSERO SE HABÍA CORTADO OTRO PEDAZO DE CARNE Y SE LLEVABA A LA BOCA LA PIEZA. IBA A ECHAR UN CONFIADO VISTAZO A SU ALREDEDOR, ALGO DISONABA EN LA ARMONÍA DEL BOSQUE, OCULTO POR EL ULULAR DEL VIENTO, UN OLOR DIFERENTE.
CUANDO SE VOLVIÓ, SOLO VIO EL FILO DE LA ESPADA QUE SE DESCARGABA CONTRA SU CABEZA. LA BÓVEDA CRANEAL SE ABRIÓ ESPARCIENDO SU CONTENIDO. LOS OTROS A PENAS LOGRABAN PONERSE EN PIE CUANDO LOS LEGIONARIOS CARGABAN MORTALMENTE CONTRA ELLOS. CALDUS SE VOLVIÓ CONTRA EL ÚNICO QUE HABÍA LOGRADO PONERSE EN PIE Y AMENAZARLO CON UN PUÑAL. PERO EL MANDOBLE BUSCÓ SU CUERPO, LO HIRIÓ Y DE PRONTO OTRA DE LAS ARMAS DESCARGÓ UN GOLPE CONTRA SU CUELLO. EL ÚLTIMO INICIÓ UNA HUIDA DESESPERADA ENTRE LOS ÁRBOLES, PERO NO BASTÓ. CALDUS IBA CERCA, RECURRIENDO A TODAS SUS FUERZAS, ERA MÁS ALTO Y SE HABÍA VUELTO LOCO. GRUÑÍAN COMO ANIMALES EN UNA PERSECUCIÓN. EL PRIMER MANDOBLE ALCANZÓ LA ESPALDA DEL MÁRSERO. EL SEGUNDO NO LOGRÓ TOCARLE EL ESPINAZO PERO LA FORTUNA QUISO QUE AL DESCENDER LA HOJA TROPEZASE CON LA CARA ANTERIOR DEL MUSLO DERECHO, DONDE DESGARRÓ PROFUNDAMENTE LA MUSCULATURA. EL MÁRSERO CAYÓ HERIDO Y TENSO COMO UNA ALIMAÑA QUE SE RETUERCE, LANZANDO UN GRITO HORROROSO. CALDUS RODÓ ENCIMA Y PERDIÓ LA ESPADA. SE ENFRENTÓ A LOS OJOS ENLOQUECIDOS DE AQUELLA BESTIA. TRATÓ DE PROTEGERSE INTERPONIENDO EL BRAZO, Y EL MÁRSERO CLAVÓ SU DENTADURA EN ÉL CON EL ANSIA DE UN PERRO ACOSADO POR LA RABIA. RODARON ENTRE LOS MONTONES DE HOJAS. UNO DE LOS LEGIONARIOS YA HABÍA LLEGADO PERO NO LOGRABA ASESTAR UN GOLPE CERTERO. FUE MUY RÁPIDO, Y LO QUE OCURRIÓ PARALIZÓ EL ÁNIMO DE LOS ROMANOS QUE PRESENCIABAN EL BESTIAL COMBATE. CALDUS HUNDIÓ SU CABEZA EN EL RECIO CUELLO DEL BÁRBARO E HINCÓ SU DENTADURA ENTRE LAS HINCHADAS VENAS. CERRÓ LAS MANDÍBULAS, MUGIENDO. GIRABAN EN EL BARRO. EL MÁRSERO ABANDONÓ SUS BRAZOS Y TRATÓ DE GRITAR DESESPERADO, CON LOS OJOS FUERA DE LAS ÓRBITAS. CALDUS SE SEPARÓ DESCUBRIENDO UN ROSTRO BAÑADO EN SANGRE. SE SENTÓ SOBRE EL TORSO DEL MORIBUNDO Y AFERRÓ SUS PIERNAS A AMBOS LADOS. AFERRÓ UNA PIEDRA ENTRE LAS HOJAS LA LEVANTÓ Y COMENZÓ A GOLPEAR LA CABEZA DE SU ENEMIGO UNA Y OTRA VEZ. LOS GOLPES SONABAN SECOS. EL ENCEGUECIMIENTO NO CONOCÍA FIN. SUS DOS HOMBRES RETROCEDIERON, SATISFECHOS Y A LA VEZ CONMOCIONADOS ANTE LA VISIÓN DE AQUEL DESPEDAZAMIENTO. CALDUS MIRÓ LOS DESHECHOS, VOLVIÓ EN SÍ, SE LEVANTÓ JADEANDO, ESCUPIENDO SANGRE. LA MORDEDURA EN SU BRAZO MANABA SIN CESAR. NO SABÍA DIFERENCIAR ENTRE SUS PROPIAS HERIDAS Y LAS CAUSADAS A SU ANTAGONISTA EN EL BESTIAL TRANCE. SE LEVANTÓ, PERPLEJO Y MAREADO, A PENAS RECONOCIÓ A SUS HOMBRES, QUE RETROCEDIERON TEMIENDO QUE EN SU LOCURA ARREMETIESE CONTRA ELLOS, LLEVADO POR AQUEL DELIRIO SANGUINARIO, SALVAJE, PROPIO DE UNA ANIMAL DISPUESTO A MATAR A CUALQUIER PRECIO CON TAL DE SOBREVIVIR.
CALDUS RECORRIÓ EL CAMINO ENTRE LOS ÁRBOLES. A PENAS REPARÓ EN LOS CUERPOS DE LOS MÁRSEROS ASESINADOS, EN LA PIERNA DE CUYA CARNE SE ALIMENTABAN. SE ARROJÓ AL AGUA Y SE DEJÓ ARRASTRAR POR LA CORRIENTE. POR UN MOMENTO CREYÓ QUE TODO HABÍA SIDO UNA EXTRAÑA PESADILLA. QUE NADA HABÍA SUCEDIDO.
Y EN VERDAD NO HABÍA SUCEDIDO. EL AGUA ERA EL AGUA DE SUS RÍOS. JUGABA EN EL RÍO QUE BAÑABA LA HACIENDA DE SUS PADRES EN UMBRÍA. SÓLO ERA ESO. DELIRIOS DE UN JOVEN QUE ANSIABA LA GLORIA MILITAR. HABÍA OÍDO HABLAR DE DRUSUS, DE LOS GRANDES HOMBRES DE ROMA, Y ÉL, UN PATRICIO, HABÍA DESEADO EL RENOMBRE BAJO EL MANDO DE OTROS GENERALES. PERO AHORA LEVANTARÍA LA CABEZA, ASPIRARÍA EL AIRE, VERÍA EL CIELO AZUL, LOS ROSTROS DE SUS PRIMAS QUE, SEMIDESNUDAS, JUGABAN EN LA ORILLA DEL RÍO DE SU PATRIA…


CREÍA QUE SE AHOGABA CUANDO EL AIRE ENTRÓ A BORBOTONES POR SU BOCA. EL GÉLIDO VIENTO AZOTABA LAS RAMAS DE LOS ÁRBOLES. SUS HOMBRES LO SOSTENÍAN POR LOS HOMBROS Y LO HABÍAN SACADO DEL AGUA, DONDE IBA A AHOGARSE SIN LUGAR A DUDAS. VOLVIÓ EN SÍ LENTAMENTE. LA TERRIBLE MORDEDURA ESTABA AHÍ, TATUADA EN SU BRAZO. EL PEDAZO DE CARNE NO HABÍA SIDO SECCIONADO POR LOS DIENTES DE SU SALVAJE ENEMIGO, Y COLGABA. AL MENOS LA SANGRE Y LOS RESTOS DE SU ENEMIGO YA NO CUBRÍAN SU SER. EL AGUA DE LA CORRIENTE LOS HABÍA DISUELTO, Y CON ELLO EL RECUERDO DEJABA DE SER TAN VÍVIDO, TAN TRUCULENTO, TAN PERTURBADOR, Y LOGRABA ABANDONAR AQUEL ESTADO DE DESFALLECIMIENTO, DE FUEGO, DE LOCURA.
¿HABÍA HECHO AQUELLO REALMENTE? AL MENOS EN LOS ROSTROS DE SUS HOMBRES YA NO LEÍA MIEDO SINO PREOCUPACIÓN, ESO SOLO PODÍA SIGNIFICAR QUE VOLVÍA A SER UN HIJO DE ROMA. ESCUPÍA CONVULSIVAMENTE TENDIDO EN EL BARRO. SUS HOMBRES OCULTARON EL CADÁVER DEL ROMANO Y ARROJARON AL AGUA LOS CUERPOS DE LOS BÁRBAROS, SOBRE LOS QUE DEJARON CAER PESADAS PIEDRAS PARA QUE SE MANTUVIESEN FUERA DEL ALCANCE DE LA VISTA AL MENOS HASTA QUE ELLOS ESTUVIESEN SUFICIENTEMENTE LEJOS.
LAS TINIEBLAS DE LOS BOSQUES CRECÍAN ALREDEDOR. RECORRIERON EL CAMINO DE REGRESO EN MEDIO DE LA INUNDACIÓN. SUS HOMBRES YA NO ESTABAN EN EL LUGAR EN EL QUE LOS HABÍAN DEJADO. LOS BUSCARON TORPEMENTE EN LAS CRECIENTES SOMBRAS.


ARRIO APARECIÓ DE PRONTO, COMO UN FANTASMA. YA NO SE CUBRÍA CON LA PIEL DE LEOPARDO.
-EL ÁGUILA… -MURMURÓ CALDUS.
-NO LA HEMOS PERDIDO –RESPONDIÓ EL AQUILIFER. –AQUÍ.
SU BRAZO SOSTENÍA EL PESADO ESTANDARTE. EL ROSTRO DE MARIO, UN DECURIÓN, APARECIÓ ALGO ALEJADO, SOSTENIENDO EL EXTREMO DE LA BARRA.
-CUMPLIMOS CON TUS ÓRDENES, CALDUS…
-NO LO HICISTEIS –REPUSO CALDUS, APARTÁNDOSE LOS MECHONES MOJADOS DE LA FRENTE. –OS ORDENÉ QUE EN CUANTO ESCUCHASEIS EVIDENCIAS DE UN COMBATE HUYESEIS A PONER A SALVO ESE ESTANDARTE QUE ES TODO LO QUE QUEDA DE ROMA AHORA… Y ME DESOBEDECISTEIS.
-NO PODÍAMOS DEJARTE AQUÍ –REPUSO MARCUS, UN CENTURIÓN. –NO PODÍAMOS HACERLO, Y DECIDIMOS ESPERAR.
-AHORA ESTÁ HECHO –REPUSO EL LÍDER, TRATANDO DE SOSTENERSE POR SÍ MISMO.
-¿QUÉ HA PASADO? –INQUIRIÓ ARRIO.
-NADA QUE DEBA SABERSE. UNOS MÁRSEROS ENCONTRARON LA MUERTE A ORILLAS DE ESTA CRECIDA. NADA MÁS…
-CALDUS DIO MUERTE HEROICAMENTE A DOS DE ESOS SALVAJES, IMPIDIENDO QUE UNO DE ELLOS HUYESE A DAR LA VOZ DE ALARMA, GRACIAS A ÉL ESTAMOS VIVOS TODOS… -ATESTIGUÓ UNO DE SUS COMPAÑEROS. CADA VEZ ERAN MÁS LOS SOLDADOS QUE EMERGÍAN DE LAS TINIEBLAS.
-REPARTAMOS ESOS RESTOS DE COMIDA… -PIDIÓ CALDUS CON INDIFERENCIA.
-¡AQUÍ HAY ALGO! –EXCLAMÓ UN LEGIONARIO, Y LAS SONRISAS SE DIBUJARON EN LOS ROSTROS DEMACRADOS DE LOS ROMANOS.
-¿UNA ARDILLA? –PREGUNTÓ CALDUS.
-¡UN JABATO, POR JÚPITER Y MINERVA! –EXCLAMÓ EL CAZADOR, ORGULLOSO.
-¿Y CÓMO LO COCINAREMOS? –PREGUNTÓ EL PREFECTO. –SABÉIS QUE NO PODEMOS HACER FUEGO, QUE NO PODEMOS ABANDONAR ESTE LUGAR HASTA QUE LAS AGUAS NOS CONDUZCAN COMO UN PASO DETRÁS DE LAS COLINAS.
-PUES CARGARÉ CON ÉL HASTA QUE LLEGUE LA HORA DE COMERLO, O ME LO COMERÉ CRUDO –AÑADIÓ EL LEGIONARIO, COSECHANDO UN DISCRETO CORO DE RISAS Y ESTERTORES EN LAS PENUMBRAS AZOTADAS POR LA LLUVIA.
CALDUS SE QUEDÓ MIRANDO AL LEGIONARIO. SOLO QUIENES LE ACOMPAÑABAN COMPRENDIERON LO QUE SENTÍA.
-EN MARCHA. HEMOS PERDIDO DEMASIADO TIEMPO. MARCHAREMOS DURANTE TODA LA NOCHE. VAMOS.


LAS HORAS FUERON LARGAS. EL AGUA SE VOLVIÓ MÁS PROFUNDA Y ENCONTRARON EL LECHO DEL RÍO. LOS RELÁMPAGOS SE MARCHARON A OTRA PARTE, PERO EL VIENTO SOPLÓ CON MÁS FUERZA QUE NUNCA Y NO FUERON POCOS LOS ÁRBOLES QUE SE DERRUMBARON NO MUY LEJOS Y POR FORTUNA NINGUNO DE AQUELLOS HOMBRES RESULTÓ HERIDO POR SU CAÍDA. FUE LO ÚNICO QUE PUDIERON AGRADECERLE A LAS LARGAS HORAS DE MARCHA HASTA QUE LLEGÓ UNA MADRUGADA TÉTRICA Y FRÍA. UNO DE LOS RASTREADORES DEL GRUPO SE DIO CUENTA DE QUE UNA BARRERA DE ROCAS CORTABA EL AVANCE DE LAS AGUAS Y QUE DETRÁS DE ELLAS EL DESNIVEL DEL TERRENO LOS ARROJABA CON BRUSQUEDAD HACIA UNA ZONA DE TORRENTES Y GARGANTAS.
-SON LAS FUENTES DEL LUPIA, NO ME CABE NINGUNA DUDA, DESBORDADAS POR LA TORMENTA –DIJO CALDUS. –SIEMPRE OÍ EN ALISO QUE EL RÍO QUE DESCENDÍA DE LAS COLINAS LO HACÍA A TRAVÉS DE UN LABERINTO DE GARGANTAS ROCOSAS Y ESPESAS SELVAS.
LA MAÑANA VOLVÍA A ABRIRSE PASO ENTRE LAS BARRERAS DE ÁRBOLES. LAS COPAS SE SACUDÍAN AZOTADAS POR UN VIENTO FRÍO Y FURIOSO. LA LUZ GRIS LES MOSTRÓ CÓMO DETRÁS DE UNAS ESPESAS BARRERAS BOSCOSAS LA INUNDACIÓN SE DESPEÑABA ENTRE CORTANTES RISCOS Y BLOQUES ERRÁTICOS QUE MURALLAS DE HIELO DEL PASADO HABÍAN DESMENUZADO EN LAS PAREDES DE LAS COLINAS, CUANDO UN MANTO DE SEMPITERNOS HIELOS REPTABA POR ENCIMA DE ELLAS. EL RESULTADO ERA UN PAISAJE HOSTIL Y SIN LUGAR ALGUNO PARA LOS SERES HUMANOS. LAS AGUAS DIFICULTABAN SU DESCENSO. LAS GARGANTAS A TRAVÉS DE LAS CUALES DESCENDÍAN LOS TORRENTES DESBORDADOS ERAN MUCHO MÁS PROFUNDAS DE LO QUE HABÍAN SUPUESTO. ALLÁ ABAJO VIERON LA ESPUMA BATIENDO TRAS PULVERIZARSE EN LAS ROCAS. LA HUMEDAD RECORRÍA LAS PAREDES VERDOSAS CON REGUEROS PERMANENTES. EL RASTREADOR LES MOSTRÓ UNA GARGANTA ESPECIALMENTE HONDA, UN PRECIPICIO CORTADO A PICO QUE SALVABA UN DESNIVEL DE CUARENTA PIES.
APENAS ESO SUCEDÍA Y LA COLUMNA DE ROMANOS SE APROXIMABA EMERGIENDO DE LAS MALEZAS, CUANDO UN ZUMBIDO INADVERTIDO SE ZAMBULLÓ EN EL AGUA PROVOCANDO UN REGUERO DE BURBUJAS.
-¡FLECHAS!
UN INSTANTE DESPUÉS GRITOS DE FURIA Y DELIRANTES ALARIDOS RECORRÍAN LAS ROCAS DE LOS ALTOS RISCOS. ERAN LLAMADAS QUE NUNCA HABÍAN ESCUCHADO. LOS ACOSABAN LOS DEMONIOS DE LOS BOSQUES, LOS MÁRSEROS. INCONFUNDIBLES AULLIDOS SALVAJES LES AVISARON A LA PAR QUE DOCENAS DE FLECHAS CRUZABAN EL AIRE. MARIO CAYÓ AL AGUA DESPUÉS DE QUE UNA LE PERFORASE EL MUSLO IZQUIERDO. AL MENOS SIETE HOMBRES HABÍAN CAÍDO ALCANZADOS POR MÁS DE TRES FLECHAZOS. SUS CUERPOS COMENZARON A DESLIZARSE CORRIENTE ABAJO.
CALDUS NO VIO LA FORMA DE PONERSE A CUBIERTO.
-¡ARRIO! ¡SALTAD!
CALDUS AFERRÓ LA BARRA DEL ÁGUILA DE PLATA Y TIRÓ DE ELLA. ARRIO DIO UNAS ZANCADAS Y AMBOS SALTARON AL VACÍO DE LA CASCADA, MIENTRAS OTROS SOLDADOS SORTEABAN LOS ÚLTIMOS PASOS ANTES DE ARROJARSE AL ABISMO.
EL SALTO FUE LARGO Y CALDUS CREYÓ ESCUCHAR EL ZUMBIDO DE LOS FLECHAZOS QUE PASABAN A SU ALREDEDOR PRECIPITÁNDOSE EN BUSCA DE LAS PAREDES ROCOSAS. LUEGO UNA CONFUSIÓN Y UN GOLPE DE AGUA, Y UN RUGIDO QUE LOS DEVORABA Y LOS OCULTABA EN UNA IGNOTA PROFUNDIDAD. NO SUPO DURANTE CUÁNTO TIEMPO FUE ARRASTRADO POR LA CORRIENTE, PERO LA PROFUNDIDAD CASI NEGRA PARECÍA SUCCIONARLO HACIA LAS PAREDES DE LA MONTAÑA. DESPUÉS DE UN INTERMINABLE LAPSO DE TIEMPO, LA MISMA FUERZA QUE SE LO TRAGABA COMENZÓ A ESCUPIRLO, COMO SI DE UN ALIMENTO SE TRATASE QUE LOS TORRENTES DESPRECIABAN, Y VIO CON DESESPERACIÓN CÓMO SE ACERCABA A LA SUPERFICIE TATUADA DE CAMBIANTES Y ESPUMOSAS ONDAS. VOLVIÓ A COGER AIRE A LA PAR QUE SUS OÍDOS VOLVÍAN A INUNDARSE DE RUIDO. A SU ALREDEDOR LAS OLAS EMPUJABAN CON FUERZA. VISLUMBRÓ CASCOS ROMANOS APARECIENDO Y DESAPARECIENDO EN MEDIO DEL CAOS. LA GARGANTA POR LA QUE EL TORRENTE EMPUJABA SE ABRIÓ. A INTERVALOS CREÍA ESCUCHAR LOS ECOS DE UNOS GRITOS SALVAJES RECORRIENDO LAS PAREDES ROCOSAS, CUYA VERTICALIDAD ASCENDÍA A AMBOS LADOS ENCERRANDO EL CIELO AMENAZADOR.
ARRIO SURGIÓ DE LA NADA Y SE AFERRÓ A SU BRAZO.
-¡ME AHOGO! ¡AYÚDAME!
CALDUS LE PRESTÓ TODA SU FUERZA. PERO CUÁL FUE SU SORPRESA AL DARSE CUENTA DE QUE EL PODEROSO AQUILIFER TODAVÍA AFERRABA Y ARRASTRABA EL PESADO ESTANDARTE. VOLTEADO POR LA CORRIENTE Y EVITANDO LAS ROCAS, CALDUS CONSIGUIÓ CERRAR UNA DE SUS MANOS ENTORNO A LA BARRA DEL ESTANDARTE Y ALIGERAR ASÍ LA CARGA DE ARRIO. EL TORRENTE ERA DEMASIADO PROFUNDO TODAVÍA. APARECIERON UNAS MÁRGENES, PERO ERAN SOLO COPAS DE ÁRBOLES CUYOS TRONCOS HABÍAN QUEDADO OCULTOS BAJO LA FORMIDABLE CRECIDA. TRAS UN AGOTADOR ESFUERZO Y CUANDO LA GARGANTA TORCÍA HACIA LA DERECHA, ABRIÉNDOSE Y LIBERANDO EN CIERTO MODO LA INMENSA FUERZA DE LA CORRIENTE, CALDUS Y ARRIO LOGRARON ASIR LAS RAMAS DE UNOS FRESNOS. DESDE ALLÍ REUNIERON A OTROS HOMBRES. VIERON LOS CADÁVERES DE LOS QUE SE HABÍAN AHOGADO FLUIR RÁPIDAMENTE RÍO ABAJO. PERO COMO LA MAYORÍA ESTABAN SIENDO DESPLAZADOS, DECIDIERON UNIR LOS DOCE SUS MANOS ENTORNO AL ESTANDARTE Y DEJARSE LLEVAR CON SUS COMPAÑEROS, PUES SABÍAN QUE EN MEDIO DE TAMAÑA CACERÍA LO ÚNICO QUE LES SALVARÍA SERÍA LA UNIÓN DE SUS ESCASAS FUERZAS.

LA CORRIENTE LOS ESCUPIÓ Y NO TODOS LOGRARON MANTENERSE UNIDOS AL ESTANDARTE. LA GARGANTA ROCOSA DESEMBOCÓ EN UN LABERINTO DE AFILADOS RISCOS, AUNQUE MÁS BAJOS, ENTRE LOS QUE SOBRESALÍAN ÁRBOLES Y EL TERRENO EMBARRADO DE UNAS LADERAS ABRUPTAS. LAS PRIMERAS FLECHAS SE COBRARON ALGUNAS VIDAS.
CALDUS VEÍA CÓMO SUS HOMBRES CAÍAN UNO A UNO. LOS SALVAJES MÁRSEROS RECORRÍAN LAS ROCAS PROFIRIENDO GRITOS. PARECÍAN MULTIPLICARSE, SALIR DE TODOS LOS RINCONES, ANIMALES HAMBRIENTOS EXCITADOS POR LA CAZA. QUERÍAN EVITAR QUE LA CORRIENTE LOGRASE ARRASTRARLOS VIVOS.
-¡NADA, ARRIO! –ORDENÓ CALDUS.
EL PREFECTO SE DIO CUENTA DE QUE DEBÍAN ALEJARSE DE AQUELLA MARGEN TAN PRONTO COMO DESCUBRIÓ LAS SILUETAS DE UNOS ARQUEROS APUNTANDO CONTRA ELLOS. SE HUNDIERON DELIBERADAMENTE. LAS FLECHAS PERFORARON EL LÍQUIDO ESPACIO. COGIERON AIRE DE NUEVO, PARA DESCUBRIR QUE EL TORRENTE PRINCIPAL SE PRECIPITABA EN BUSCA DE UN NUEVO SALTO. LAS CORRIENTES SE UNÍAN EN EL ABRUPTO FONDO DEL VALLE Y ADQUIRÍAN UNA FUERZA INCONMENSURABLE. NO VEÍAN A NINGUNO DE SUS HOMBRES. UN BRAZO SOBRESALIÓ POR DELANTE. ESCUCHARON ENTRECORTADAMENTE GRITOS FUNESTOS.
EL PRIMER GOLPE CONTRA LAS ROCAS HIZO CRUJIR SU HOMBRO DERECHO. PERDIÓ EL ESTANDARTE, Y VIO CÓMO ARRIO ERA TRAGADO POR UNA TRENZA DE AGUA. LAS ROCAS PARECÍAN UNIRSE HOMBRO CON HOMBRO. VIO FIGURAS HUMANAS ENCIMA DE ELLAS, HOMBRES PINTADOS DE ROJO QUE SALTABAN POR ENCIMA DE SUS CABEZAS, TRATANDO DE ATRAPARLOS. EL FURENTE PASADIZO ESTABA A PUNTO DE EXPULSARLO CUANDO UNA MANO LOGRÓ APRESAR SUS CABELLOS Y TIRÓ DE ELLOS. CALDUS DESPERTÓ DE SU LETARGO, RESPIRÓ Y APRESÓ EL BRAZO DESPIADADO QUE LO RETENÍA CONTRA LA FUERZA DE LA CORRIENTE, PARA VER, VUELTO HACIA LA DIRECCIÓN DEL AGUA, QUE HABÍA SIDO ATRAPADO AL FRENTE DE UN NUEVO Y PROFUNDO DESNIVEL. ARRIO DESCENDÍA AFERRADO AL ESTANDARTE Y DESAPARECÍA ABAJO TRAGADO POR LOS TORBELLINOS. QUERÍA MORIR EN AQUEL ABISMO.
SE VOLVIÓ EN UN ARREBATO DE IRA. CERRÓ AMBAS MANOS EN TORNO AL BRAZO DE SU CAPTOR Y APOYÓ LAS PIERNAS BAJO EL AGUA CONTRA LA ROCA. RECURRIENDO A TODAS SUS FUERZAS, TIRÓ DE ÉL, Y EL MÁRSERO FUE ARROJADO JUNTO A SU VÍCTIMA A LA CORRIENTE DE LA CATARATA. CALDUS CREYÓ QUE EL AGUA ESTA VEZ HABÍA LOGRADO DESPEDAZARLO. EN LA CAÍDA, EL MÁRSERO HABÍA ROTADO ARRASTRADO POR EL IMPULSO DEL ROMANO Y HABÍA SIDO EL PRIMERO EN SER BATIDO POR LA COLUMNA DE AGUA. DETRÁS, CALDUS HABÍA LOGRADO CAER EN MEJOR POSICIÓN.
AHORA EL CUERPO DEL MÁRSERO FLOTABA, QUIZÁ CON EL CUELLO PARTIDO, INMÓVIL. CALDUS APENAS LOGRÓ DISCERNIR LAS FIGURAS QUE NADABAN HACIA EL ARROJÁNDOLE DESDE LOS ÁRBOLES. UN BRAZO LO APRESÓ Y TIRÓ DE ÉL. POCO DESPUÉS SINTIÓ EL ALIVIO DE LA TIERRA FIRME Y DESCANSÓ ESPERANDO LA MUERTE. A SU ALREDEDOR LOS ROSTROS SALVAJES DE SUS ENEMIGOS LO ESCRUTABAN CON UNA EXTRAÑA MEZCLA DE CURIOSIDAD, IMPASIVIDAD Y CONTENIDA IRA


                                                                                                          

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