viernes, 13 de abril de 2012

(VI) De la guerra que Alejandro tuvo con Hircano y Aristóbulo


Habiendo entretanto Escauro entrado en Arabia, no podía llegar a la que ahora se llama Petrea,
por la dificultad y aspereza del camino, pero talaba y destruía cuanto habla alrededor, aunque estaba
afligido con muchos males en estas tierras; el ejército padecía gran hambre, a quien Hircano proveía
de todo lo necesario, por medio de Antipatro, para su mantenimiento; al cual Escauro envió por
embajador, como muy familiar y amigo de Areta, para que dejase la guerra e hiciesen conciertos de
paz. De esta manera, en fin, persuadieron al árabe que diese trescientos talentos, y Escauro entonces
retrajo de Arabia su ejército. Pero Alejandro, hijo de Aristóbulo, aquel que habla huido de Pompeyo,
habiendo juntado mucha gente en este tiempo, en a hacia Hircano muy enojado, y destruía y robaba a
Judea, pensando que presto la podía ganar y vencerlo a él, porque confiaba que el muro de Jerusalén,
que habla sido derribado por Pompeyo, estaría ya renovado si Gabinio, sucesor de Escauro, el cual
había sido enviado a Siria, no se mostrara muy fuerte y valeroso en lo demás, pero principalmente
contra Alejandro con su ejército. Por lo cual, temiendo aquél la fuerza de este Gabinio, trabajaba en
acrecentar el número de su gente, hasta tanto que legaron a número de diez mil de a pie y mil
quinientos caballos, y fortalecía los lugares y las villas que le parecían ser buenos para resistir a la
fuerza, como Alejandrio, Hircanio y Macherunta, que están cerca de los montes de Arabia.
Gabinio, pues, habiendo enviado delante a Marco Antonio con parte de su ejército, él lo seguía
con todo lo demás. Los compañeros escogidos de Antipatro y la otra multitud de los judíos cuyos
príncipes eran Malico y Pitolao, habiendo juntado sus fuerzas con Marco Antonio, salieron al
encuentro a Alejandro; pero no estaba muy lejos ni muy atrás de éste Gabinio con toda su gente.
Viendo Alejandro que no podía resistir ni sufrir tanta multitud de enemigos, huyó. Siendo llegado ya
cerca de Jerusalén, fué forzado a pelear; y habiendo perdido seis mil hombres de los suyos, tres mil
presos y tres mil derribados, salváse con los demás.
Pero cuando Gabinio llegó al castillo de Alejandrio, habiendo sabido que muchos habían
desamparado el ejército, prometiendo a todos general perdón, trabajaba de llegarlos a él y juntarlos
consigo antes que darles batalla; pero como ellos no humillasen su pensamiento, ni quisiesen
conceder lo que Gabinio quería, mató a muchos y encerró a los demás en el castillo.
En esta guerra, el capitán Marco Antonio hizo muchas cosas de nombre, y aunque siempre y en
todas partes se había mostrado varón muy fuerte y valeroso, ahora últimamente venció todo nombre y
dio de sí mucho mayor ejemplo que hasta el  presente había dado. Dejando Gabinio gente para
combatir el castillo, él se vino a todas las otras ciudades, confirmando las que no habían sido
atacadas, reparando y levantando de nuevo las que habían sido derribadas. Finalmente, por
mandamiento de éste, se comenzó a habitar en Escitópolis, en Samaria, en Antedón, en Apolonia, en
Janinia, en Rafia, en Marisa, en Dora, en Gadara, en Azoto, y en otras muchas, con gran alegría de
los ciudadanos, porque de todas partes venían por  habitar en ellas. Ordenadas estas cosas de esta
manera, volviéndose a Alejandrio, apretaba mucho más el cerco. Por la cual cosa Alejandro, muy
espantado, le envió embajadores, desconfiando ya  de todo y rogando que le perdonase, y él le
entregaría sin alguna falta los castillos que le obedecían, los cuales eran el de Hircano, y el otro el de
Macherunta; también le dió y dejó en su poder  Alejandrio. Gabinio lo derribó todo de raíz por
consejo de la madre de Alejandro, por que no fuesen ocasión de otra guerra, o de recogimiento para
ella. Estaba ella con Gabinio por ablandarlo con sus regalos, temiendo algún peligro a su marido y a
los demás que habían sido llevados cautivos a Roma.

Pasadas todas estas cosas, habiendo Gabinio llevado a Jerusalén a Hircano y habiéndole
encomendado el cargo del templo, puso por presidentes de toda la otra República a los más
principales de los judíos. Dividió en cinco partes, como Congregaciones, toda la gente de los judíos;
la una de éstas puso en Jerusalén, la otra en Doris, la tercera que estuviese en la parte de Amatunta, la
cuarta en Jericó, y la quinta fué dada a Séfora, ciudad de Galilea.
Los judíos entonces, librados del imperio y señorío de uno, eran regidos por sus príncipes con
gran contentamiento; pero no mucho después acaeció que, habiéndose librado de Roma Aristóbulo,
les fué principio de discordias y revueltas; el cual, juntando mucha gente de los judíos, parte por ser
deseosa de mutaciones y novedades, parte también por el amor que antiguamente le solían tener,
tomó primero a Alejandrio, y trabajaba en cercarlo de muro. Después, sabido cómo Gabinio enviaba
contra él tres capitanes, Sisena, Antonio y Sevilio, vínose a Macherunt ; y dejando la gente vulgar y
que no era de guerra, la cual antes le era carga que ayuda, salió, trayendo consigo, de gente muy en
orden y bien armada, no más de ocho mil, entre los cuales venía también Pitolao, Regidor de la
segunda Congregación que hemos dicho, habiendo huido de Jerusalén con número de mil hombres.
Los romanos los seguían, y dada la batalla, Aristóbulo detuvo los suyos peleando muy
fuertemente algún tiempo, hasta tanto que fueron  vencidos por la fuerza y poder grande de los
romanos, adonde murieron cinco mil hombres, y dos mil se recogieron a una gran cueva, y los otros
mil rompieron por medio de los romanos y cerráronse en Macherunta.
Habiendo, pues, llegado allí a prima noche o sobretarde el rey, y puesto su campo en aquel lugar
que estaba destruido, confiaba que haría treguas, y durando éstas, juntarla otra vez gente y
fortalecería muy bien el castillo. Pero habiendo sostenido la fuerza de los romanos por espacio de dos
días más de lo que le era posible, a la postre fué tomado y llevado delante de Gabinio, atado junto con
Antígono, su hijo, el cual habla estado en la cárcel con él, y de allí fué llevado a orna. Pero el Senado
lo mandó poner en la cárcel, y pasó
los hijos de éste a Judea, porque Gabinio había  escrito que los había prometido a la mujer de
Aristóbulo, por haberle entregado los castillos.
Habiéndose después Gabinio aparejado para hacer guerra Con los partos, fuéle impedimento
Ptolomeo; el cual, habiendo vuelto del Eufrates, venia a Egipto sirviéndose de Hircano y de
Antipatro, como de amigos para todo cuanto su ejército tenía necesidad; porque Antipatro le ayudó
con dineros, armas, mantenimientos y con gente  de erra. Y guardando los judíos los caminos que
están hacia la vía de Pelusio, persuadió que enviasen allá a Gabinio; pero con la partida de Gabinio la
otra parte de Siria se revolvió; y Alejandro, hijo de Aristóbulo, movió otra vez los judíos a que se
rebelasen; y juntando gran muchedumbre de ellos, mataba y despedazaba cuantos romanos hallaba
por aquellas tierras. Gabinio, temiéndose de esto, porque ya había vuelto de Egipto, y viendo revuelta
que se aparejaba, envió delante a Antipatro, y persuadió a algunos de los que estaban revueltos que se
concordasen con ellos e hiciesen amigos.

Habían quedado con Alejandro treinta mil hombres, por lo cual estaba, y de sí lo era él también,
muy pronto para guerra. Salió finalmente al campo y viniéronle los judíos a encuentro; y peleando
cerca del monte Tabor, murieron diez mil de ellos, y los que quedaron salváronse huyendo por di
versas partes.
Vuelto Gabinio a Jerusalén, porque esto quiso Antipatro apaciguó Y compuso su República;
después, partiendo de aquí venció en batalla a los nabateos, y dejó ir escondidamente a Mitridates y a
Orsanes, que habían huido de los partos, persuadiendo a los soldados que se habían escapado.
En este medio fuéle dado por sucesor Craso, el cual tomó la parte de Siria. Este, para el gasto de
la guerra de los partos, tomó todo el restante del tesoro del templo que estaba en Jerusalén, que eran
aquellos dos mil talentos, los cuales Pompeyo no había querido tocar. Después, pasando el Eufrates él
y todo su ejército, perecieron; de lo cual ahora no se hablará, por no ser éste su tiempo ni
oportunidad.

Después de Craso, Casio siendo recibido en aquella provincia, detuvo y refrenó los partos que se
entraban por Siria, Y con el favor de éste que venía a prisa grande para Judea; y prendiendo a los
tariceos, puso en servidumbre y cautiverio tres mil de ellos. Mató también a Pitolao, persudiéndoselo
Antipatro, porque recogía todos los revolvedores y parciales de Aristóbulo.
Tuvo éste por mujer una noble de Arabia llamada Cipria, de la cual hubo cuatro hijos, Faselo y
Herodes, que fué rey, Josefo Forera, y una hija llamada Salomé. Y como procurase ganar la amistad
de cuantos sabía que eran poderosos, recibiendo  a todos con mucha familiaridad, mostrándose con
todos huésped y buen amigo, principalmente juntó consigo al rey de Arabia por casamiento y
parentesco; y encomendando a su bondad y fe sus hijos, él se los envió, porque había determinado y
tomado a cargo de hacer guerra contra Aristóbulo.
Casio, habiendo compelido y forzado a Alejandro que se reposase, volvióse hacia el Eufrates por
impedir que los partos pasasen, de los cuales en otro lugar después trataremos.