domingo, 15 de abril de 2012

(VII ) De la muerte de Aristóbulo, y de la guerra de Antipatro contra Mitrídates



Habiéndose César apoderado de Roma y de todas las cosas, después de haber huido el Senado y
Pompeyo de la otra parte del mar Jonio, librando de la cárcel a Aristóbulo, enviólo con diligencia con
dos compañías a Siria, pensando que fácilmente podría sujetar a ella y a los lugares vecinos de Judea;
pero la esperanza de César y la alegría de Aristóbulo fué anticipada con la envidia. Porque muerto
con ponzoña por los amigos de Pompeyo, estuvo sin sepultura en su misma patria algún tiempo, y
guardaban el cuerpo del muerto embalsamado con miel, hasta tanto que Antonio proveyó que fuese
sepultado por los judíos en los sepulcros reales. Fué también muerto su hijo Alejandro, y mandado
descabezar por Escipión en Antioquía, según letras de Pompeyo, habiéndose primero examinado su
causa públicamente sobre todo lo que había cometido contra los romanos.
Ptolomeo, hijo de Mineo, que tenía asiento en Calcidia, bajo del monte Líbano, prendiendo a sus
propios hermanos, envió a su hijo Filipión a Ascalona que los detuviese e hiciese recoger; y él,
sacando a Antígono del poder de la mujer de Aristóbulo, y a sus hermanas también, lleválas a su
padre. Y enamorándose de la menor de ellas, cásase con ella; por lo cual fué después muerto por su
padre. Porque Ptolomeo, después de muerto el hijo, tomó por mujer a Alejandra; y por causa de este
parentesco y afinidad, miraba por sus hermanos con mayor cuidado.
Muerto Pompeyo, Antipatro se pasó a la amistad de César; y porque Mitrídates Pergameno estaba
detenido con el ejército que llevaba a Egipto, en Ascalona, prohibido que no pasase a Pelusio, no sólo
movió a los árabes, aunque fuese él extranjero y huésped en aquellas tierras, a que le ayudasen, sino
también compelió a los judíos que le socorriesen con cerca de tres mil hombres, todos muy bien
armados. Movió también en socorro y ayuda suya los poderosos de Siria, y a Ptolomeo, que habitaba
en el monte Líbano, y a Jamblico, y al otro Ptolomeo; y por causa de ellos, las ciudades de aquella
región emprendieron y comenzaron la guerra con ánimo pronto todos, y muy alegre. Confiado ya de
esta manera Mitrídates por verse poderoso con la gente y ejército de Antipatro, vínose a Pelusio; y
siéndole prohibido el pasaje, puso cerco a la villa, y Antipatro se mostró mucho en este cerco. Porque
habiendo roto el muro de aquella parte que a él cabía, fué el primero que dió asalto a la ciudad con
los suyos, y así fué tomado Pelusio; pero los judíos de Egipto, aquellos que habitaban en las tierras
que se llaman Onías, no los dejaban pasar más adelante. Antipatro, no sólo persuadió a los suyos que
no los estorbasen ni impidiesen, sino que les diesen lo necesario para mantenimiento. De donde
sucedió que los menfitas no fuesen combatidos; antes, voluntariamente se entregaron a Mitrídates; y
habiendo éste proseguido adelante su camino por las tierras de Delta, peleó con los otros egipcios en
un lugar que se llama Castra de los judíos, el cual libró Antipatro por su parte, que era la derecha, de
todo mal. Yendo alrededor del rio con buen orden, vencía el escuadrón que estaba a la parte izquierda
fácilmente, y arremetiendo contra aquellos que iban persiguiendo a Mitrídates, mató a muchos de
ellos y persiguió tanto a los que quedaban y huían' que vino a ganar el campo y tiendas de los
enemigos, habiendo perdido no más de ochenta de los suyos. Pero Mitrídates, huyendo, perdió de los
suyos ochocientos; y saliendo él de la batalla salvo sin que tal se confiase, vino delante de César
como testigo, sin envidia de las cosas hechas por Antipatro. Por lo cual él movió a Antipatro
entonces, con esperanza y loores grandes, a que menospreciase todo peligro por su causa; y así fué
hallado en todo como hombre de guerra muy esforzado y valeroso, porque habiendo sufrido muchas
heridas, tenía por todo el cuerpo las señales en probanza de su virtud.
Después, cuando habiendo apaciguado las cosas de Egipto se volvió a Siria, hízolo ciudadano de Roma, dejándole gozar de todas las libertades, honrándole en todas las cosas, y mostrándole en todo
mucha amistad; hizo que los otros se esforzasen mucho en imitarlo, como a hombre muy digno; y por
causa y favor suyo confirmó el pontificado a Hircano.