De cómo fué cercada Tarichea



Partiendo de Tiberíada Vespasiano, puso su campo entre esta ciudad y Tarichea, y
fortaleciólo con un muro que mandó hacer con diligencia, viendo que se había de detener en
esta guerra, porque veía que todo el pueblo que buscaba revueltas se recogía en esta ciudad,
confiando en su fuerza y en su guarnición, y en un lago que se llama, entre los naturales de
allí, Genasar.
La ciudad tiene el mismo asiento de Tiberíada, a la falda (le un monte; y por la parte que
no la cercaba aquel lago de Genasar, Josefo la había cercado de un muro muy fuerte, pero
menor que era el de Tiberíada, y habíala provisto al principio que se comenzaron a rebelar,
de mucho dinero y de todo lo necesario para defenderse, y habían las sobras también aprovechado a Tarichea. Tenían muchas barcas aparejadas en ellago, para que, si eran vencidos
por tierra, se pudiesen recoger en ellas y salvarse; y también estaban provistas de armas, para
que, si fuese necesario, pudiesen pelear en el agua. Estando los romanos ocupados en asentar
y guarnecer su campo, Jesús y sus compañeros, sin considerar la muchedumbre de enemigos,
ni las fuerzas y uso de sus armas, vinieron  contra ellos, y en la primer arremetida
desbarataron los que edificaban el muro, y  derribaron alguna parte de lo que estaba
edificado; pero viendo que la gente de armas que dentro estaba se comenzaba a juntar antes
de sufrir y padecer algún mal o daño, recogiéronse a los suyos, y persiguiéndoles los
romanos, les fué forzado recogerse a sus barcas o navíos dentro del agua. Y recogidos hacia
dentro del lago, tanto que no pudiesen ser heridos con sus saetas, echaron áncoras, y  juntando muchas naos entre sí, no menos que suelen hacer los escuadrones, peleaban con sus
enemigos.

Sabiendo Vespasiano cómo gran parte de ellos se había juntado en un llano cerca de la
ciudad, envió allá a su hijo con seiscientos caballos escogidos; hallando éste infinito número
de enemigos, envió luego a la hora mensajeros a su padre para hacerle saber que tenía
necesidad de más gente y de mayor socorro. Y antes que éste viniese, viendo muchos de sus
caballeros muy alegres y muy animosos, y viendo que algunos estaban amedrentados por ver
tan gran muchedumbre de judíos junta, púsose en un lugar del cual pudiese ser oído por
todos, y dijo: "Romanos, por cosa tengo muy buena amonestaros al principio de mi habla que
os queráis acordar de vuestra virtud y linaje, y sepáis quiénes sois, y quiénes son aquellos
con los cuales hemos de pelear; ningún enemigo nuestro ha podido escapar de nuestras
manos en todo el universo. Los judíos, a fin de que de ellos digamos también algo, hasta
ahora han sido siempre vencidos, v jamás se han cansado; conviene, pues que siéndoles a
ellos la fortuna v sucesos tan contrarios, pelean todavía tan constantemente y esforzadamente, que nosotros peleemos y trabajemos con mayor perseverancia, siéndonos la fortuna
en todo muy próspera. Mucho -me huelgo por ver y conocer claramente la alegría grande que
todos tenéis, pero témome que alguno de vosotros tenga temor por ver tanta muchedumbre
de enemigos; piense, pues, cada uno de vosotros otra vez quién ha de pelear y con quién, y
por qué los judíos, aunque sean harto atrevidos y menosprecien la muerte, sabemos todos que
son gente sin arden y poco experimentados en las cosas de la guerra, y merecen más nombre
de pueblo desordenado que de ejército; pues de vuestro orden, saber y destreza en las cosas
de la guerra, ¿qué necesidad hay que yo me alargue ahora en hablar de ello? Por esta causa
nos ejercitamos ciertamente en el tiempo de paz nosotros solos en las armas, por no tener
cuenta en la guerra del número de nuestros enemigos. Porque, ¿qué provecho, o qué bien nos
viene de ejercitar siempre la milicia y las armas, si salimos con igual número de gente que
los que no están en esto ejercitados? Antes pensad que salimos armados con gente de a pie, y
seguros con consejo y regimiento de capitán  entendido, contra hombres sin regidor y sin
regimiento; y que estas virtudes engrandecen nuestro número, y los vicios dichos quitan gran
parte y gran fuerza del número de los enemigos. Sabed también que en la guerra no vence la
sola muchedumbre de los hombres, sino la fortaleza, aunque sea de pocos, porque éstos se
pueden ordenar fácilmente y ayudarse unos a otros; los grandes ejércitos, más daño reciben
de sí mismos que de sus propios enemigos. Los judíos se mueven por audacia, por ferocidad
y desesperación o crueldad de sus propios entendimientos y dureza de corazón; estas cosas,
cuando todo es muy próspero, suelen aprovechar algo; pero por poco que sea esto ofendido,
y por poca resistencia que sienta luego, está todo muy marchitado y muerto; a nosotros nos
rige la virtud, la voluntad conforme a razón, y muy obediente la fortaleza, y esto suele
florecer cuando la fortuna es próspera, y no suele ser quebrantado por la adversa y contraria.
Nosotros tenemos mayor causa de pelear que los judíos, porque si ellos sufren por su libertad
y patria tantos peligros, ¿qué tenemos nosotros más excelente o de más estima que la ínclita
fama y nombre? ¿Y que después de haber  alcanzado el imperio de todo el orbe, no
parezcamos tener por enemigos y contrarios a los judíos solamente? Considerada además de
todo esto dicho, que no tenemos miedo de sufrir cosa que sea intolerable, porque tenemos
muchos que nos ayudarán, y están muy cerca de nosotros. Podemos alzarnos con la victoria,
y conviene adelantarse antes que venga la ayuda y socorro que esperamos de mi padre, a fin
que sea nuestra mayor virtud, y no tenga su efecto más compañeros en quienes repartirse;
pienso yo que vosotros hacéis de mí y de mi padre un mismo juicio, y que si él es digno de
nombre y de gloria por las cosas hechas hasta aquí gloriosamente, sabed que yo le soy hijo y
vosotros sois soldados míos; él tiene costumbre de vencer, ¿y yo Podré llegarme a él
vencido? ¿De qué manera, pues, vosotros no os avergonzaréis en no vencer, viendo a vuestro  capitán ponerse en medio de los enemigos, y correr delante a todo peligro? Creed que yo
mismo buscaré el peligro, y romperé primero con los enemigos. Ninguno de vosotros se
aparte de mí, teniendo por muy cierto que mi fuerza será guiada y sustentada con la ayuda y
socorro de Dios, y tened por muy cierto que haremos mucho más mezclados con nuestros
enemigos, que si peleásemos de lejos."
Habiendo Tito tratado esto con su gente, los soldados recibieron alegría casi divina, y
pesábales mucho que Trajano viniese con cuatrocientos de a caballo antes de darles la batalla,'como si la victoria se disminuyese con la compañía que venía.
Envió también Vespasiano a Antonio Silón con dos mil flecheros, para que, ocupada la
montaña que estaba delante de la ciudad, echasen de allí los que quisiesen defender los
muros, y cercaron a sus enemigos como les fué mandado, los cuales estaban procurando
socorrer a sus fuerzas.
Partió primero de todos con su caballo corriendo contra los enemigos, Tito; siguiéronle
luego los que con él estaban, con tan gran grita, tan desparramados como era necesario para
tomar a los enemigos en medio, y esto fué causa de que pareciesen muchos más.
Los judíos, aunque espantados con la arremetida de los romanos y con la manera que
tenían de pelear, todavía resintieron al principio algún poco; heridos con lanzas, y desordenados con la fuerza de los caballos, fueron desbaratados, y matando a muchos de ellos entre
los pies de los caballos, huyeron a la ciudad según cada-uno más podía.
Tito perseguía a unos que huían, a otros mataba de pasada, y corriéndoles delante a
muchos, dábales por delante, y mataba a  muchos, echando los unos sobre los otros, y
saltándoles delante, cuando todos se recogían a los muros, los echaba al campo, hasta tanto
que, cargando tanta muchedumbre tuvieron lugar para recogerse; e intervino allí gran
discordia entre todos, porque a los naturales les pesaba en gran manera la guerra hecha del
principio, parte por causa de sus bienes,  y parte también por causa de la ciudad, y
principalmente viendo que no les había sucedido bien, sino malamente, y que el pueblo de
los extranjeros y advenedizos, que eran muchos, hacían fuerza en ello; y así había entre todos
clamores, como que ya tomasen rudos armas y se aparejasen para pelear.
Tito, que no estaba lejos de los muros, cuando les oyó comenzó a gritar: "Este es el
tiempo, compañeros míos, ¿por qué nos detenemos? Recibid la victoria que Dios os envía,
dando en vuestras manos los judíos: ¿no oís los grandes gritos? Discordes están los que han
escapado de nuestras manos. La ciudad es nuestra si nos damos prisa; pero es necesario tener
Viran ánimo juntamente con ser diligentes, porque debéis saber no poderse hacer cosa
señalada, en la cual no haya peligro; y no sólo debemos trabajar por prevenirlos y adelantarnos antes que los enemigos se concordes, los cuales, viéndose en necesidad, no podrán
dejar de concordar todos y venir en amistad; mas también debemos procurar dar en ellos
antes que nuestro socorro venga, para que además de la victoria, en la cual vencemos tan
pocos a tan gran muchedumbre, podamos también gozar solos de la ciudad."

Dicho esto, sube en su caballo, y corre hasta la laguna, éntrase por allí dentro de la ciudad
siguiéndole toda la otra gente suya.
La osadía grande que tuvo puso miedo en los que estaban por guardas del muro, de tal
manera, que no hubo alguno que pudiese pelear ni impedir que entrase.

Jesús y sus compañeros, dejando la defensa de la ciudad, huyeron a los campos, y otros
corrieron a recogerse a la laguna; daban en las manos de sus enemigos que les salían por
delante; unos eran muertos, queriendo subir en sus naves, y otros trabajando por alcanzarlas
nadando.
Mataban también los romanos dentro de la ciudad mucha gente de los advenedizos que no
habían huido, antes trabajaban por resistirles, y los de allí naturales morían sin pelear, porque
las esperanzas de concertarse y saber que no habían sido aconsejados en aquella guerra, los
detenía sin que peleasen, hasta tanto que Tito, muertos los que resistían, teniendo compasión
y misericordia de los naturales, hizo cesar la matanza; los que habían huido al lago, cuando
vieron que era tomada la ciudad, alejáronse mucho de los enemigos. .
Tito envió caballeros por embajadores que contasen a su padre todo lo que había hecho.
Cuando el padre lo supo, proveyó de lo que era  necesario, alegre en gran manera por la
virtud que de su hijo había entendido, y por la grandeza de aquella hazaña, porque le parecía
haberle quitado gran parte de la guerra.
Mandó luego rodear de gente de guarda la ciudad, por que ninguno pudiese huir
escondidamente y librarse de la muerte; y luego, es otro día, habiendo bajado a la laguna,
mandó hacer naves para perseguir los que habían huido, las cuales, con la materia que tenían
abundante, y oficiales muchos y diestros, fueron presto hechas y puestas en orden.



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