(Capítulo VII ) Del galileo Simón y de las tres sectas que hubo entre los judíos


Reducidos los límites de Arquelao a una provincia de los romanos, fué enviado un caballero
romano, llamado Coponio, por procurador de ella, dándole César poder para ello.
Estando éste en el gobierno, hubo un galileo, llamado por nombre Simón, el cual fué acusado de
que se habla rebelado, reprendiendo a sus naturales que sufrían pagar tributo a- los romanos, y que
sufrían por señor, excepto a Dios, los hombres mortales.
Era éste cierto sofista por sí y de propia secta, desemejante y contraria a todas las otras.
Había entre los judíos tres géneros de filosofía: el uno seguían los fariseos, el otro los saduceos, y
el tercero, que todos piensan ser el más aprobado, era el de los esenios, judíos naturales, pero muy
unidos con amor y amistad, y los que más de todos huían todo ocio y deleite torpe, y mostrando ser
continentes y no sujetarse a la codicia, tenían esto por muy gran. virtud. Estos aborrecen los
casamientos, y tienen por parientes propios los hijos  extraños que les son dados para doctrinarlos;
muéstranles e instrúyenlos con sus costumbres, no porque sean ellos de parecer deberse quitar o
acabar la sucesión y generación humana, pero porque piensan deberse todos guardar de la
intemperancia y lujuria, creyendo que no hay mujer que guarde la fe con su marido castamente, según
debe. Suelen también menospreciar las riquezas, y tienen por muy loada la comunicación de los
bienes, uno con otro; no se halla que uno sea más rico que otro; tienen por ley que quien quisiere
seguir la disciplina de esta secta, ha de poner todos sus bienes en común para servicio de todos;
porque de esta manera ni la pobreza se mostrase, ni la riqueza ensoberbeciese; pero mezclado todo
junto, corno hacienda de hermanos, fuese todo un común patrimonio. Tienen por cosa de afrenta el
aceite, y si alguno fuere untado con él contra su voluntad, luego con otras cosas hace limpiar su
cuerpo, porque tienen lo feo por hermoso, salvo que sus vestidos estén siempre muy limpios; tienen
procuradores ciertos para todas sus cosas en común y juntos. No tienen una ciudad cierta adonde se
recojan; pero en cada una viven muchos, y viniendo algunos de los maestros de la secta, ofrécenle
todo cuanto tienen, como si le fuese cosa propia; vénse con ellos, aunque nunca los hayan visto,
como muy amigos y muy acostumbrados; por esto, en sus peregrinaciones no se arman sino por causa
de los ladrones, y no llévan consigo cosa alguna; en cada ciudad tienen cierto procurador del mismo
colegio, el cual está encargado de recibir todos los huéspedes que vienen, y éste tiene cuidado de
guardar los vestidos y proveer lo de más necesario a su uso. Los muchachos que están aún debajo de
sus maestros, no tienen todos más de una manera de vestir, y el calzar es a todos semejante; no
mudan jamás vestido ni zapatos, hasta que los primeros sean o rotos o consumidos con el uso del
traer y servicio; no compran entre ellos algo ni lo venden, dando cada uno lo que tiene al que está
necesitado; comunícanse cuanto tienen de tal manera, que cada uno toma lo que le falta, aunque sin
dar uno por otro y sin este trueque, tienen todos  libertad de tomar de cada uno que les pareciese
aquello que les es necesario.
. Tienen mucha religión y reverencia, a Dios principalmente; no hablan antes que el sol salga algo
que sea profano; antes le suelen celebrar ciertos sacrificios y oraciones, como rogándole que salga;
después los procuradores dejan ir a cada uno a entender en sus cosas, y después que ha entendido
cada uno en su arte como debe, júntanse todos, y cubiertos con unas toallas blancas de lino, lávanse
con agua fría sus cuerpos; hecho esto, recógense  todos en ciertos lugares adonde no puede entrar
hombre de otra secta. Limpiados, pues, y purificados de esta manera, entran en su cenáculo, no de
otra manera que si entrasen en un santo templo, y asentados con orden y con silencio, póneles a cada  uno el pan delante, y el cocinero una escudilla con su taje, y luego el sacerdote bendice la comida,
porque no feos es lícito comer bocado sin hacer primero oración a Dios; después de haber comido
hacen sus gracias, porque en el principio y en el fin de la comida dan gracias y alabanzas a Dios,
como que de El todo procede, y es el que les da mantenimiento; después dejando aquellas vestiduras
casi como sagradas, vuelven a sus ejercicios hasta la noche, recogiéndose entonces en sus casas,
cenan, y junto con ellos los huéspedes también, si algunos hallaren.

No suele haber aquí entre ellos ni clamor, ni gritos, ni ruido alguno; porque aun en el hablar
guardan orden grande, dando los unos lugar a los otros, y el silencio que guardan parece a los que
están fuera de allí, una cosa muy secreta y muy venerable; la causa de esto es la gran templanza que
guardan en el comer y beber, porque ninguno llega a más de aquello que sabe serle necesario; pero
aunque no hacen algo, en todo cuanto hacen, sin consentimiento El procurador o maestro de todos,
todavía son libres en dos cosas, y son éstas: ayudar al que tiene de ellos necesidad, y tener compasión
de los afligidos porque permitido es a cada uno socorrer a los que fueren de ello dignos, según su
voluntad, y dar a los pobres mantenimiento.
Solamente les está prohibido dar algo a sus parientes y deudos, sin pedir licencia a sus curadores;
saben moderar muy bien y templar su ira, desechar toda indignación, guardar su fe, obedecer a la paz,
guardar y cumplir cuanto dicen, como si con juramento estuviesen obligados; son muy recatados en
el jurar, porque piensan que es cosa de perjuros, porque tienen por mentiroso aquel a quien no se
puede dar crédito sin que llame a Dios por testigo. Hacen gran estudio de las escrituras de los
antiguos, sacando de ellas principalmente aquello que conviene para sus almas y cuerpos, y por tanto,
suelen alcanzar la virtud de muchas hierbas, plantas, raíces y piedras, saben la fuerza y poder de
todas, y esto escudriñan con gran diligencia.
A los que desean entrar en esta secta no los reciben luego en sus ayuntamientos, pero danles de
fuera un año entero de comer y beber, con el mismo orden que si con ellos estuviesen juntamente,
dándoles también una túnica, una vestidura blanca y una azadilla; después que con el tiempo han
dado señal de su virtud y continencia, recíbenlos con ellos y participan de sus aguas y lavatonios, por
causa de recibir con ellos la castidad que deben guardar, pero no los juntan a comer con ellos; porque
después que han mostrado su continencia, experimentan sus costumbres por espacio de dos años más,
y pareciendo digno, es recibido entonces en la compañía. Antes que comiencen a comer de las
mismas comidas de ellos, hacen grandes juramentos y votos de honrar a Dios, y después, que con los
hombres guardarán toda justicia y no dañarán de voluntad ni de su grado a alguno, ni aunque se lo
manden; y que han de aborrecer a todos los malos y que trabajarán con los que siguen la justicia de
guardar verdad con todos y principalmente con los príncipes; porque sin voluntad de Dios, ninguno
puede llegar a ser rey ni príncipe. Y si aconteciere que él venga a ser presidente de todos, jura y
promete que no se ensoberbecerá, ni usará mal de su poder para hacer afrenta a los suyos; pero que ni
se vestirá de otra diferente manera que van todos, no más rico ni más pomposo, y que siempre amará
la verdad con propósito-e intención de convencer a los mentirosos; también promete guardar sus
manos limpias de todo hurto, y su ánima pura y limpia de provechos injustos; y que no encubrirá a
los que tiene por compañeros, que le siguen, algún misterio; y que no publicará algo de los a la gente
profana, aunque alguno le quiera forzar amenazándole con la muerte. Añaden también que no
ordenarán reglas nuevas, ni cosa alguna más de  aquellas que ellos han recibido. Huirán todo
latrocinio y hurto; conservarán los libros de sus leyes y honrarán los nombres de los ángeles.
Con estos juramentos prueban y experimentan a los que reciben en sus compañías, y fortalécenlos
con ellos; a los que hallan en pecados échanlos de la compañía, y el que es condenado muchas veces,
lo hacen morir de muerte miserable; los que están obligados a estos juramentos y ordenanzas no
pueden recibir de algún otro comer ni beber, y cuando son echados, comen como bestias las hierbas
crudas de tal manera, que s les adelgazan tanto sus miembros con e1 hambre, que vienen finalmente a
morir; por lo cual, teniendo muchas veces compasión de muchos, los recibieron ya estando en lo
último de si vida, creyendo y juzgando que bastaba la pena recibida por la delitos y pecados
cometidos, pues los habían llevado a la muerte.
Son muy diligentes en el juzgar, y muy justos; entienden en los juicios que hacen no menos de  cien hombres juntos, y lo que determinan se guarda y observa muy firmemente; después de Dios,
tienen en gran honra a Moisés, fundador de sus leyes, de tal manera, que si alguno habla mal contra
él, es condenado a la muerte.
Obedecer a los viejos y a los demás que algo ordenan o mandan, tiénenlo por cosa muy aprobada;
si diez están juntos no hay alguno que hable a pesar de los otros; guárdanse dé escupir en medio o a la
parte diestra, y honran la fiesta del sábado más particularmente y con más diligencia que todos los
otros judíos; pues no sólo aparejan un día antes por no encender fuego el día de fiesta, ni aun osan
mudar un vaso de una parte en otro, ni purgan sus vientres, aunque tengan necesidad de hacerlo.
Los otros días cavan en tierra un pie de hondo con aquella azadilla que dijimos arriba que se da a
los novicios, y por no hacer injuria al resplandor divino, hacen sus secretos allí cubiertos, y después
vuelven a ponerle encima la tierra que sacaron antes, y aun esto lo suelen hacer en lugares muy
secretos; y siendo esta purgación natural, todavía tienen por cosa muy solemne limpiarse de esta
manera; distínguense unos de otros, según el tiempo de la abstinencia que han tenido y guardado, en
cuatro órdenes, y los más nuevos son tenidos en menos que los que les preceden, tanto, que si tocan
alguno de ellos, se lavan y limpian, no menos que si hubiesen tocado algún extranjero; viven mucho
tiempo, de tal manera, que hay muchos que llegan hasta cien años, por comer siempre ordenados
comeres y muy sencillos, y según pienso, por la gran templanza que guardan. Menosprecian también
las adversidades, y vencen los tormentos con la constancia, paciencia y consejo; y morir con honra
júzganlo por mejor que vivir.
La guerra que tuvieron éstos con los romanos, mostró el gran ánimo que en todas las cosas tenían,
porque aunque sus miembros eran despedazados por el fuego y diversos tormentos, no pudieron hacer
que hablasen algo contra el error de la ley, ni que comiesen alguna cosa vedada, y aun no rogaron a
los que los atormentaban, ni lloraron siendo atormentados; antes riendo en sus pasiones y penas
grandes, y burlándose de los que se lo mandaban dar, perdían la vida con alegría grande muy
constante y firmemente, teniendo por cierto que no la perdían, pues la hablan de cobrar otra vez.
 Tienen una opinión por muy verdadera, que los cuerpos son corruptibles y la materia de ellos no
se perpetúa; pero las quedan siempre inmortales, y siendo de un aire muy sutil, son puestas dentro de
los cuerpos corno en cárceles, retenidas con halagos naturales; pero cuando son libradas de estos
nudos y cárceles, libradas como de servidumbre muy grande y muy larga, luego reciben alegría y se
levantan a lo alto; y que las buenas, conformándose en esto con la sentencia de los griegos, viven a la
otra parte del mar Océano, adonde tienen su  gozo y su descanso, porque aquella región no está
fatigada con calores, ni con aguas, ni con fríos, ni con nieves, pero muy fresca con el viento
occidental que sale del océano, y ventando muy suavemente está muy deleitable. Las malas ánimas
tienen otro lugar lejos de allí, muy tempestuoso y muy frío, Heno de gemidos y dolores, adonde son
atormentadas con pena sin fin.

Paréceme a mi que con el mismo sentido los griegos han apartado a todos aquellos que llaman
héroes y semidioses en unas islas de bienaventurados, y a los malos les han dado un lugar allí en el
centro de la tierra, llamado infierno, adonde fuesen los impíos atormentados; aquí fingieron algunos
que son atormentados los sísifos, los tántalos, los ixiones y los tirios, teniendo, por cierto al principio
que las almas son inmortales, y de aquí el cuidado que tienen de seguir la virtud y menospreciar los
vicios; porque los buenos, conservando esta vida, sehacen mejores, por la esperanza que tienen de los
bienes eterno después de esta vida, y los malos son detenidos, porque aunque estando en la vida han
estado como escondidos, serán después de la muerte atormentados eternamente. Esta, pues, es la
filosofía de los esenios, la cual, cierto, tiene un halago, si una vez se comienza a gustar, muy
inevitable. Hay entre ellos algunos que dicen saber las cosas por venir, por sus libros sagrados y por
muchas santificaciones Y muy conformes con los dichos de los profetas desde su primer tiempo; y
muy pocas veces acontece que lo que ellos predicen de lo que ha de suceder, no sea así como ellos
señalan.
Hay también otro colegio de esenios, los cuales tienen el comer, costumbres y leyes semejantes a
las dichas, pero difiere en la opinión del matrimonio; y dicen que la mayor parte de la vida del  hombre es por la sucesión, y que los que aquello dicen la cortan, porque si todos fuesen de este
parecer, luego el género humano faltaría; pero todavía tienen ellos sus ajustamientos tan moderados,
que gastan tres años en experimentar a sus mujeres, y si en sus purgaciones les parecen idóneas y
aptas para parir, tómanlas entonces y cásanse con ellas.

Ninguno de ellos se llega a su mujer si está preñada, para demostrar que las bodas y
ajuntamientos de marido y mujer no son por deleite, sino por el acrecentamiento y multiplicación de
los hombres; las mujeres, cuando se lavan, tienen sus túnicas o camisas de la manera de los hombres
y éstas son las costumbres de este ayuntamiento.
Los fariseos son de las dos órdenes arriba primeramente dichas, los cuales tienen más cierta
vigilancia y conocimiento de la ley; éstos suelen atribuir cuanto se hace a Dios y a la fortuna, y que
hacer bien o mal, dicen estar en manos del hombre pero que en todo les puede ayudar la fortuna.
Dicen también que todas las ánimas son incorruptibles; pero que pasan a los cuerpos de otros
solamente las buenas, y las malas son atormentadas con suplicios y tormentos que nunca fenecen ni
se acaban.
La segunda orden es la de los saduceos, quitan del todo la fortuna, y dicen que Dios ni hace algúp
mal ni tampoco lo ve; dicen también que les es propuesto el bien y el mal, y que cada uno toma y
escoge lo que quiere, según su voluntad; niegan generalmente las honras y penas de las ánimas, y no
les dan ni gloria ni tormento.
Los fariseos ámanse entre sí unos a otros, deséanse bien, y júntanse con amor; pero los saduceos
difieren y desconforman entre sí con costumbres muy fieras, no ven con buenos ojos a los
extranjeros, antes son muy inhumanos para con ellos.



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