Cómo Trajano y Tito ganaron combatiendo a Jafa, y la matanza que allí hicieron


En estos mismos días fué llamado Vespasiano a combatir una ciudad muy cerca de
Jotapata, la cual se llamaba Jafa por nombre, porque trabajaba en innovar las cosas, y principalmente por haber oído que los de Jotapata  resistían, sin que de ellos tal confiase, se
ensoberbecían y levantaban. Envió allá a Trajano, capitán de la legión décima, dándolo dos
mil hombres de a pie y mil de a caballo. Hallando éste muy fuerte la ciudad, y viendo que era
muy difícil tomarla, porque además de ser naturalmente fuerte, estaba cerrada con doble
muro, y que los que en ella habitaban habían salido muy en orden contra él, dióles batalla; y
resistiéndole al principio un poco, a la postre volvieron las espaldas y huyeron. Persiguiéndolos los romanos, entraron tras ellos en el cerco del primer muro; pero viéndolos venir más
adelante, los ciudadanos les cerraron las puertas del otro, temiendo que con ellos entrasen
también los enemigos. Y por cierto Dios daba tantas muertes de los galileos a los romanos de
su grado, el cual dió a los enemigos todo aquel pueblo echado fuera de los muros de su
propia ciudad, para que todos pereciesen: porque muchos, echándose juntos a las puertas y
dando voces a los que las guardaban que les abriesen, mientras estaban rogando que les
abriesen, los romanos los mataban, teniéndoles ellos cerrado el un muro, y el otro los mismos
ciudadanos que dentro estaban, por lo cual tomados entre el un muro y el otro por las mismas
armas de sus amigos, unos a otros se mataban; pero muchos más caían por las armas de los
romanos, sin que tuviesen esperanza de vengar tantas muertes en algún tiempo; porque
además del miedo y temor de los enemigos, les había hecho perder el ánimo a todos ver la
traición que los mismos naturales les hacían. Finalmente, morían maldiciendo, no a los
romanos, sino a los judíos, hasta que todos murieron, y fué el número de los muertos hasta
doce mil judíos: por lo cual, pensando Trajano que la ciudad estaba vacía de gente de guerra,
y que aunque hubiese dentro algunos no habían de osar hacer algo contra él, con el gran
temor que le tenían, quiso guardar la conquista de la ciudad para el mismo capitán y
emperador Vespasiano.
Así le envió embajadores que le rogasen quisiese enviarle a su hijo Tito, para que diese
fin a la victoria que él había alcanzado. Pensó Vespasiano que había aún algún trabajo, y por
esto envióle su hijo con gente, que fueron  mil hombres de a pie y quinientos caballos.
Llegando, pues, a buen tiempo a la ciudad, ordenó su ejército de esta manera. Puso a la mano
izquierda a Trajano, yél púsose a la mano derecha en el cerco. Allegando, pues, los soldados
las escalas a los muros, habiéndoles resistido algún tanto por arriba los galileos, luego
desampararon el muro; y saltando Tito y toda su gente con diligencia dentro, tomaron
fácilmente la ciudad, y aquí se trabó con los que dentro estaban juntados una fiera batalla,
echándose unas veces por las estrechuras de las calles los más esforzados y valerosos soldados, otras veces echando las mujeres por los tejados las armas que hallar podían. De esta
manera alargaron la pelea hasta las seis horas de la tarde; pero derribada ya toda la gente de
guerra que había, todo el otro pueblo que estaba por las calles y dentro de las casas,
mancebos y viejos, todos los pasaban por las espadas y eran muertos.

De los hombres no quedó alguno con vida, excepto los niños y las mujeres que fueron
cautivadas: el número de los que en esto murieron, así dentro de la ciudad como entre los  muros, al primer combate llegó a quince mil hombres, y fueron los cautivos dos mil ciento
treinta.
Toda esta matanza fué hecha en Galilea, a los veinticinco días del mes de junio.

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