Del regimiento de Piloto y de su gobierno.

Reducido el reino de Arquelao en orden de provincia, los otros, es a saber, Filipo y Herodes, llamado por sobrenombre 
Antipas, reglan sus tetrarquias; por Salomé, muriendo, dejó en su testamento a Julia, mujer de Augusto, la parte que había 
tenido en su regimiento, y los palmares en Faselide. Viniendo después a ser emperador Tiberio, hijo de Julia, después de la 
muerte de Augusto, que fué emperador cincuenta y siete años, seis meses y dos días, quedando en sus tetrarquías Herodes 
y Filipo. 
Este, cerca de las fuentes en donde nace el río Jordán, hizo y fundó una ciudad en Paneade, la cual llamó Cesárea, y 
otra en Gaulantide la Baja, la cual quiso llamar Juliada, y Herodes fundó en Galilea otra que llamó Tiberíada, y en Perea 
otra, por nombre Julia. 
Siendo enviado Pilato por Tiberio a Judea, y habiendo tomado en su regimiento aquella región, una noche muy callada 
trajo las estatuas de César y las metió dentro de Jerusalén; y esto tres días después fué causa de gran revuelta en Jerusalén 
entre los judíos; porque los que esto vieron fueron movidos con gran espanto y maravilla, como que ya sus leyes fueran 
con aquel hecho profanadas; porque no, tenían por cosa lícita poner en la ciudad estatuas o imágenes de alguno, y con las 
quejas y grita de los ciudadanos de Jerusalén, Hegáronse también muchos de los lugares vecinos, y viniendo luego a Cesá-
rea por hablar a Pilato, suplicábanle con grande afición que quitase aquellas imágenes de Jerusalén, y que les guardase y 
defendiese el derecho de su patria. 
No queriendo Pilato hacer lo que le suplicaban, echáronse por tierra cerca de su casa, y estuvieron allí sin moverse 
cinco días y cinco noches continuas. Después, viniendo Pilato a su tribunal, convocó con gran deseo toda la muchedumbre 
de los judíos delante de él, como si quisiese darles respuesta, y tan presto como fueron delante, hecha la señal, luego hubo 
multitud de soldados, porque así estaba ya ordenado, que los cercaron muy armados, y rodeáronlos con tres escuadrones 
de gente. Espantáronse mucho los judíos viendo aquella novedad, que despedazaría a todos si no recibían las imágenes y 
estatuas de César, y señaló a los soldados que sacasen de la vaina sus espadas. 
Los judíos, viendo esto, como si lo trajeran así concertado, échanse súbitamente a tierra y aparejaron sus gargantas 
para recibir los golpes, gritando que más querían morir todos que permitir, siendo vivos, que fuese la ley que tenían 
violada y profanada. Entonces Pilato, maravillándose de ver la religión grande de éstos, mandó luego quitar las estatuas de 
Jerusalén. 
Después movió otra revuelta. Tienen los judíos un tesoro sagrado, al cual llaman Corbonan, y mandólo gastar en traer 
el agua, la cual hizo que viniese de trescientos estadios lejos; por esto, pues, el vulgo y todo el pueblo echaba quejas, de tal 
manera, que viniendo a Jerusalén Pilato, y saliendo a su tribunal, lo cercaron los judíos; pero él habíase ya para ello proveído, porque había puesto soldados armados entre el pueblo, cubiertos con vestidos y disimulados; mandóles que no los 
hiriesen con las espadas, pero que les diesen de palos si se movían a algo. Ordenadas, pues, de esta manera las cosas, dio 
señal del tribunal, a donde estaba, y herían de esta manera a los judíos, de los cuales murieron muchos por las heridas 
grandes que allí recibieron, y muchos otros perecieron pisados por huir miserablemente. 
Viendo entonces el pueblo la muchedumbre de los muertos, atónito mucho por ello, callóse; y por esto Agripa, hijo de 
Aristóbulo, a quien Herodes mandó matar, y el que acusó a Herodes el tetrarca, vínose a Tiberio; pero no queriendo recibir 
éste sus acusaciones, residiendo en Roma, hacíase conocer y trabajaba por ganar las amistades de todos los poderosos; era 
muy servidor y amaba en gran manera a Cayo, hijo de Germánico, siendo aún privado y hombre particular. Y estando un día en un solemne banquete con él convidado, al fin de la comida levantó ambas manos al cielo, y comenzó a rogar a Dios 
manifiestamente que le pudiese ver señor de todo, después de la muerte de Tiberio; p . ero como uno de sus familiares 
amigos hubiese hecho saber esto a Tiberio, mandó luego poner en cárcel a Agripa, el cual fue detenido allí por espacio de 
seis meses con grandísimo trabajo, hasta la muerte de Tiberio. 
Muerto éste después de haber reinado veintidós años, seis meses y tres días, sucediéndole Cayo César, libró de la 
cárcel a Agripa, y dióle la tetrarquía de Filipo, porque éste era ya muerto, y llamólo rey. Habiendo después llegado Agripa 
al reino, movió por envidia la codicia del tetrarca Herodes. Movíalo en gran manera a esperanzas de alcanzar el reino, 
Herodia, su mujer, reprendiendo su negligencia, y diciendo que por no haber querido navegar a verse con César, carecía de 
mayor poder que tenía; porque corno había hecho a Agripa rey, de hombre que era particular, ¿cómo dudaban en confiar 
que á él, que era tetrarca, no le concediese la misma honra? Movido Herodes con estas cosas, vinose a Cayo, y reprendido 
de muy avaro, huyóse a España, porque le había seguido su acusador Agripa, a quien el César le dió la tetrarquía que 
Herodes poseía.

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