DE ARCHíTECTURA (Marco Vitruvio Polión)


La arquitectura es una ciencia adornada con numerosas enseñanzas teóricas y con diversas 
instrucciones, que sirven de dictamen para juzgar todas las obras que alcanzan su perfección 
mediante las demás artes. Este conocimiento surge de la practica y del razonamiento. La práctica 
consiste en una consideración perseverante y frecuente de la obra que se lleva a término mediante 
las manos, a partir de una materia, de cualquier clase, hasta el ajuste final de su diseño. El 
razonamiento es una actividad intelectual que permite interpretar y descubrir las obras construidas, 
con relación a la habilidad y a la proporción de sus medidas. 
Por tanto, aquellos arquitectos que han puesto todo su esfuerzo sin poseer una suficiente cultura 
literaria, aunque hubieran sido muy hábiles con sus manos, no han sido capaces de lograr su 
objetivo ni de adquirir prestigio por sus trabajos; por el contrario, los arquitectos que confiaron 
exclusivamente en sus propios razonamientos y en su cultura literaria, dan la impresión que 
persiguen más una sombra que la realidad. Pero, los que aprendieron a fondo ambas, silo han 
logrado, adquiriendo enorme consideración, pues se han equipado con todas las defensas, como 
así fue su objetivo. Ciertamente, a todas las actividades y artes, pero especialmente a la 
arquitectura, pertenecen «lo significado» y lo «significante». Lo «significado» es el tema que uno se 
propone, del que se habla; «significante» es una demostración desarrollada con argumentos 
teóricos y científicos. Por tanto, quien confiese ser arquitecto debe ser perito en ambas cuestiones. 
Así pues, es conveniente que sea ingenioso e inclinado al trabajo, pues no es posible llegar a ser 
un diestro arquitecto si posee talento pero carece de conocimientos teóricos, o viceversa. Conviene 
que sea instruido, hábil en el dibujo, competente en geometría, lector atento de los filósofos, 
entendido en el arte de la música, documentado en medicina, ilustrado en jurisprudencia y perito en 
astrología y en los movimientos del cosmos. 
He aquí las causas de estas exigencias: es conveniente que el arquitecto sea una persona culta y 
conozca la literatura para fortalecer su memoria con sus explicaciones; conviene que domine el 
arte del dibujo, con el fin de que, por medio de reproducciones gráficas, le sea posible formarse 
una imagen de la obra que quiere realizar; también la geometría ofrece múltiples ayudas a la 
arquitectura, pues facilita la práctica mediante el uso de la regla y del compás, con los que 
fácilmente se plasman los diseños de los edificios en los solares, mediante los trazados de sus 
líneas, sus niveles, sus escuadras; gracias a la óptica se sitúan correctamente los puntos de 
iluminación, según la disposición concreta del cielo; por medio de la aritmética se calculan los 
costes de los edificios, se hace ver el porqué de sus medidas y mediante el apoyo y el método de 
la geometría se descifran los dificiles problemas de la simetría; conviene que conozca a fondo la 
historia ya que, con frecuencia, se emplean abundantes adornos y debe contestar a quien pregunte 
las razones de sus obras, apoyándose en argumentos históricos. Si, por ejemplo, en vez de 
columnas se colocan estatuas de mármol de mujeres vestidas con estola —que se llaman 
cariátides— y si superpone modillones y cornisas, deberá saber dar explicaciones a quienes 
pregunten; veamos: Caria, ciudad del Peloponeso, conspiró contra los griegos con ayuda de los 
persas, enemigos de los griegos. Posteriormente, al verse libres tras una gloriosa victoria, los griegos, de común acuerdo, declararon la guerra a los habitantes de Caria. Una vez conquistada la 
ciudad y pasados a cuchillo sus habitantes, se llevaron como esclavas a sus matronas sin emitir 
que se desprendieran de sus estolas, ni de sus distintivos como arquitectos, diseñaron en los 
edificios públicos unas estatuas de matronas que soportaran todo el peso, con el fin de transmitir a 
la posteridad el castigo impuesto por las ofensas de las cariátides. Igualmente los espartanos, bajo 
el mando de Pausanias, hijo de Argesilao, en la batalla de Platea superaron con un reducido 
número de soldados al muy numeroso ejército de los persas y, concluida la ceremonia triunfal, 
levantaron un pórtico Pérsico con los despojos y botines, como exponente de la gloria y valor de los 
ciudadanos y como trofeo de su victoria para sus descendientes. Allí mismo colocaron unas 
estatuas de los prisioneros sosteniendo el techo, vestidos con adornos de diversos colores, como 
castigo de su arrogancia, con el fin de que los enemigos se estremezcan ante el temor de la 
eficacia de su fortaleza; y así también, al contemplar los ciudadanos este paradigma de valentía, 
alentados por deseos de gloria, estuvieran dispuestos a defender su libertad. En consecuencia, a 
partir de este hecho, colocaron estatuas de persas sosteniendo sus arquitrabes y adornos y, de 
esta forma, desarrollaron sus obras con excelentes variaciones, a partir de este tema. 
Por otra parte, la filosofía perfecciona al arquitecto, otorgándole un alma generosa, con el fin de no 
ser arrogante sino más bien condescendiente, justo, firme y generoso, que es lo principal; en efecto, 
resulta imposible levantar una obra sin honradez y sin honestidad. Es preciso que no sea avaro, 
que no esté siempre pensando en recibir regalos, sino que proteja con seriedad su propia dignidad, 
sembrando buena fama: precisamente esto es lo que concede la filosofía. Además, la filosofía 
dirige su estudio sobre la Naturaleza, en griego fisiología; es preciso que haya tenido profundos 
conocimientos, pues la filosofía incluye muchas y variadas investigaciones sobre la naturaleza 
como, por ejemplo, en la conducción de aguas: en las acometidas, en los rodeos y en las aguas a 
nivel se originan bolsas naturales de aire de muy diversa índole con la impulsión de las aguas a lo 
alto; nadie será capaz de solucionar estos obstáculos si no conoce los principios de la naturaleza, a 
partir de la filosofía. Quien llegue a leer las normas pertinentes que redactaron Ctesibio, 
Arquímedes y otros autores, no podrá comprender tales normas si no ha sido instruido por los 
filósofos sobre este tema. 
También debe conocer la Música, con el fin de que se familiarice con la ciencia matemática de los 
sonidos y, en consecuencia, sea capaz de tensar correctamente las ballestas, catapultas y 
máquinas de guerra. Así es, en las vigas transversales están situados los agujeros o aberturas de 
los semitonos, a derecha e izquierda, y a través de ellos se tensan las cuerdas de 
nervios,retorciéndolas con rodillos y pasadores; estas cuerda no dejan de tensarse hasta que 
emitan un sonido limpio y afinado al oído del artesano. Al introducir en los brazos de la máquina 
estas cuerdas —que los van tensando— cuando alcanzan su tensión adecuada, deben golpearse 
con igual fuerza y a la vez y, si no se consigue la misma tirantez, resultará imposible disparar 
correctamente los dardos o las armas arrojadizas. Igual sucede con los «vasos» de bronce ‘ que se 
colocan en los teatros, en unas estancias debajo de las gradas, con una matemática distribución —
en griego, eche ja—. Se van componiendo diferentes sonidos para producir acordes musicales en 
el hemiciclo; los vasos están separados, por grupos, en una cuarta, una quinta y una octava doble 
con el fin de que la voz de los actores, cuando entra en contacto con los vasos de bronce bien 
colocados, se intensifica potenciándose y llegue a los oídos de los espectadores de una manera 
clara y dulce. Sin tener presente las normas de la Música, nadie podrá fabricar máquinas 
hidráulicas, que son similares a estos instrumentos
Es preciso también que tenga conocimientos de la medicina, debido a los diversos climas —en 
griego, climata— tanto de la atmósfera como de las localidades o zonas concretas, ya que pueden 
ser saludables o nocivas precisamente por la calidad de sus aguas. Sin tener en cuenta estos 
aspectos, no es posible construir una vivienda saludable. Libro Primero 
El arquitecto ha de tener un conocimiento suficientemente completo de las leyes, para levantar 
paredes exteriores que separan unos edificios de otros, en lo referente a las goteras y a las cloacas 
o desagües; como también debe conocer la legislación necesaria para situar la iluminación. 
Igualmente, conviene que el arquitecto conozca a fondo las conducciones de agua y elementos 
similares, con objeto de tomar sus precauciones antes de levantar un edificio y no dejar en manos 
de los propietarios los problemas que puedan surgir una vez realizadas las obras; también para 
que prudentemente pueda protegerse, amparado por las leyes, ante el arrendador y ante el 
inquilino; efectivamente, si el contrato ha sido redactado correctamente, resultará que ambos 
quedarán protegidos ante posibles fraudes, sin ninguna clase de engaño. A partir de la Astrología 
el arquitecto conoce los puntos cardinales: oriente, occidente, mediodía y septentrión; y también la 
estructura del cielo, de los equinoccios, de los solsticios y de los movimientos orbitales de los 
astros. Si se ignora la Astrología, es absolutamente imposible que conozca la disposición y 
estructura de los relojes. 
En conclusión, la ciencia de la arquitectura es tan compleja, tan esmerada, e incluye tan 
numerosos y diferenciados conocimientos que, en mi opinión, los arquitectos no pueden ejercerla 
legítimamente a no ser que desde la infancia, avanzando progresiva y gradualmente en las 
ciencias citadas y alimentados por el conocimiento nutritivo de todas las artes, lleguen a alcanzar el 
supremo templo de la arquitectura. Quizás a algunos mal informados o ignorantes les parecerá 
sorprendente que se puedan aprender a fondo y grabar en la memoria tan numerosas ciencias, 
pero cuando se den cuenta de que todas las enseñanzas prácticas guardan entre sí una unión y 
una comunicación de sus diversos objetivos, seguro que aceptarán que se pueda lograr tan 
complejo conocimiento. Así es, la ciencia enciclopédica forma como un solo cuerpo, que consta de 
estos miembros. Por tanto, quienes se instruyen desde la infancia en distintas disciplinas, 
reconocen fácilmente sus mismas características y la sintonía de sus enseñanzas y, precisamente 
por esto, llegan a comprenderlo todo sin ninguna dificultad. Entre los antiguos arquitectos, Pitio, 
notorio arquitecto del templo de Minerva en Priene, expresó en sus comentarios que el arquitecto 
deberá ser más eficaz apoyándose en las ciencias especulativas y en las artes que los que han 
alcanzado extraordinaria celebridad en ciencias exclusivamente muy concretas y particulares. Un 
arquitecto ni puede ni debe ser un gramático, como fue Aristarco, pero tampoco puede ser un 
ignorante; tampoco puede ser un músico de la talla de Aristoxeno, pero no puede ignorar la Música; 
no se le puede exigir ser un pintor como Apeles, pero sí debe conocer el arte del dibujo; no puede 
llegar a la altura de escultores como Mirón o Policleto, pero no puede ignorar el arte de la escultura; 
en fin, no puede alcanzar el prestigio de un médico como Hipócrates, pero debe conocer la 
Medicina; en una palabra, no puede ser especialmente experto en las demás ciencias 
especulativas, pero tampoco las puede ignorar. Efectivamente, nadie puede lograr ser un numero 
uno en tan distintas ciencias, pues difícilmente se da la posibilidad de conocer y ahondar en sus 
razonamientos; no obstante, no sólo los arquitectos se ven imposibilitados de lograr un perfecto 
dominio en todas las materias, sino también quienes dominan exclusivamente una de estas 
ciencias, pues difícilmente se consigue que todas las obras hechas alcancen la supremacía de la 
gloria. Por tanto, si en cada una de las ciencias apenas unos pocos especialistas, no todos, 
alcanzan la fama, ¿cómo puede el arquitecto —que debe ser experto en muchas ciencias a la vez— lograr este admirable y profundo conocimiento, sin que le falte ninguna de ellas?, ¿cómo 
puede el arquitecto superar a todos los especialistas que, con gran habilidad, han sobresalido 
particularmente en cada una de las ciencias? En este sentido, da la impresión que Pitio se 
equivocó, pues no se dio cuenta de que cada una dc las ciencias artísticas se compone de dos 
partes: una «parte práctica» y una «parte especulativa». La primera es propia de quienes se han 
adiestrado en una ciencia particular; la otra es común a todos los hombres sabios, pues se trata del 
raciocinio, como sucede con los médicos y los músicos; ambos conocen las pulsaciones de las 
venas en relación a la ligereza rítmica de los pies, pero si fuera necesario sanar una herida o bien 
curar a un enfermo, esto no será competencia del músico, sino que será algo específico y propio 
del médico; de igual modo, si hablarnos de un instrumento musical, será el músico y no el médico 
el que lo someta a las leyes del ritmo y de la cadencia musical, con el fin de que el oído perciba el 
placer sonoro de sus canciones o cánticos. De igual manera, se dan aspectos interdisciplinarios 
entre los astrólogos y los músicos, sobre la afinidad de los astros y de las sinfonías respecto a los 
cuadrados y triángulos, en una cuarta y en una quinta (Se refiere a los pitagóricos que defendían la 
proporción armónica del Universo y el famoso concierto de las esferas); y también con los 
geómetras, sobre el tema de la visión que en griego se llama logos opticos. Y así en el resto de las 
ciencias se dan muchas cuestiones que son comunes a otras, pero como tema de discusión. La 
categoría de los trabajos que manualmente o bien con la práctica alcanzan distinción, es algo 
propio de quienes se han instruido ellos mismos exclusivamente en una sola de las ciencias, para 
llevar a cabo su especialización. Por tanto, resulta claro que ha actuado convenientemente quien 
conozca relativamente bien las partes y la estructura de cada una de las ciencias, que son precisas 
para la arquitectura, para que no surja el más mínimo fallo, por si fuera necesario emitir un juicio y 
apreciar aspectos y detalles de estas artes y de estas obras. A quienes la naturaleza les ha 
concedido suficiente ingenio, agudeza, memoria para alcanzar profundos conocimientos de 
geometría, astrología, música y otras ciencias, sobrepasan las funciones de los arquitectos y 
terminan convirtiéndose en matemáticos. Por ello, les resulta sencillo discutir respecto a estas 
ciencias, dado que están pertrechados con los numerosos dardos de sus conocimientos. 
Realmente son personas escasas, individuos contados, como Aristarco de Samos, Filolao y 
Arquitas de Tarento, Apolonio de Perga, Eratóstenes de Cirene, Arquímedes y Escopinas de 
Siracusa, quienes nos legaron muchos instrumentos orgánicos, gnomónicos, descubiertos y 
explicados de acuerdo con las matemáticas y las leyes de la naturaleza. 
Por consiguiente, como tan privilegiados talentos, tan admirable habilidad natural se conceden a 
unos pocos hombres y no a todo el mundo, y como el arquitecto debe estar ejercitado en todos los 
conocimientos, debido a la complejidad de la profesión, su capacidad intelectual le ha de posibilitar 
el conocer si no profundamente todas las ciencias —sería lo deseable—, si al menos en un grado 
razonable, según lo exija la necesidad; por ello, te suplico a ti, César, y a quienes vayan a leer 
estos libros, que me disculpen si algo ha sido expresado insuficientemente conforme a las reglas 
de la gramática. Me he esforzado en expresarme, no como un eximio filósofo, ni como un retórico 
elocuente, ni como un gramático ejercitado en las profundas normas del arte, sino como arquitecto 
educado en estas ciencias. Sobre la posibilidad de la ciencia arquitectónica y sobre todo lo que se 
apoya en ella, prometo —así lo espero— mostrar en estos volúmenes unos razonamientos que 
sean útiles no sólo para los constructores, sino también para toda persona inteligente; y con la 
máxima garantía 
La arquitectura se compone de la Ordenación —en griego, taxis—, de la Disposición —en griego, 
díathesin—, de la Euritmia, de la Simetría, del Ornamento y de la Distribución —en griego, o 
economía. 
La Ordenación consiste en la justa proporción de los elementos de una obra, tomados 
aisladamente y en conjunto, así como su conformidad respecto a un resultado simétrico. La 
Ordenación se regula por la cantidad —en griego, posotes—. La Cantidad se define como la toma 
de unos módulos a partir de la misma obra, para cada uno de sus elementos y lograr así un 
resultado apropiado o armónico de la obra en su conjunto. 
La Disposición es la colocación apropiada de los elementos y el correcto resultado de la obra 
según la calidad de cada uno de ellos. Tres son las clases de Disposición —en griego, ideae—: la 
planta, el alzado y la perspectiva. La planta exige el uso del compás y de la regla; con ellos se va 
plasmando la disposición de los planos, que se utilizarán luego en las superficies previstas para el 
futuro edificio. El alzado es la representación en vertical de la fachada, coloreando levemente la 
imagen de la futura obra, siguiendo unas normas. La perspectiva es el bosquejo de la fachada y de 
los lados alejándose y confluyendo en un punto central de todas las líneas. Todo ello surge como 
resultado de la reflexión y de la creatividad. La reflexión consiste en una cuidada meditación del 
propio empeño y del continuo trabajo que lleva a la realización de un proyecto, junto con un 
sentimiento de satisfacción. La creatividad es la clarificación de temas oscuros y, a la vez, es el 
logro de nuevos aspectos descubiertos mediante una inteligencia ágil. Estas son las partes que 
componen la Disposícion. 
La Euritmia es el aspecto elegante y hermoso, es una figura apropiada por la conjunción de sus 
elementos. La Euritmia se logra cuando los elementos de una obra son adecuados, cuando 
simétricamente se corresponde la altura respecto a la anchura, la anchura respecto a la longitud y 
en todo el conjunto brilla una adecuada correspondencia. 
La Simetría surge a partir de una apropiada armonía de las partes que componen una obra; surge 
también a partir de la conveniencia de cada una de las partes por separado, respecto al conjunto 
de toda la estructura. Como se da una simetría en el cuerpo humano, del codo, del pie, del palmo, 
del dedo y demás partes, así también se define la Euritmia en las obras ya concluidas. En los 
templos sagrados se toma la simetría principalmente a partir del diámetro de las columnas, o bien 
de los triglifos o bien de un módulo inicial; en las ballestas, a partir del agujero que en griego llaman 
peritreton; en las naves, a partir del espacio que media entre remo y remo, llamado dipechyaia. 
Igualmente descubrimos la estructura de la simetría a partir de detalles en otras muchas obras. 
El Ornamento es un correcto aspecto de la obra o construcción que consta de elementos regulares, 
ensamblados con belleza. Se logra perfeccionarlo mediante la norma ritual (Se trata de las normas 
que aplicaban los sacerdotes para levantar los templos de acuerdo con las peculiaridades de cada 
deidad) —en griego thematismo—, con la práctica, o con la naturaleza del lugar. Fijándonos en la 
norma ritual encontramos los templos levantados a Júpiter Tonante, al Cielo, al Sol, a la Luna: se 
trata de templos levantados al descubierto, abiertos; en efecto, la apariencia y la belleza de los 
dioses citados las contemplamos ostensiblemente a cielo abierto. Para Minerva, Marte y Hércules se levantarán templos dóricos, pues conviene así a estos dioses, sin ningún tipo de lujo, debido a 
su fortaleza viril. Para Venus, Flora, Proserpina y las Náyades los templos serán corintios, pues 
poseen cualidades apropiadas por su delicadeza, ya que son templos esbeltos, adornados con 
flores, hojas y volutas, que parecen aumentar el esplendor de tales divinidades. Si se levantan 
templos jónicos ajuno, Diana, Baco y otras divinidades similares, se logrará una solución intermedia 
pues poseen unas características que suavizan la índole austera propia del estilo dórico y la 
delicadeza del corintio. Atendiendo a la práctica, el ornamento se plasma de la siguiente manera: 
construiremos vestíbulos apropiados y esmerados si se trata de construcciones magnificas con 
elegantes interiores. En efecto, si las construcciones interiores tuvieran un aspecto cuidado pero 
sus accesos fueran de baja calidad y despreciables, no tendrían ningún esplendor. De igual modo, 
si en los arquitrabes dóricos esculpimos molduras en sus cornisas, o bien si se esculpen triglifos en 
las columnas y en los arquitrabes jónicos, haciendo una transferencia de las propiedades de un 
estilo a otro estilo, su aspecto exterior producirá disgusto ante unos usos o prácticas distintos a los 
ya fijados por el uso, como propios de un orden concreto. Se conseguirá una belleza u ornamento 
natural si inicialmente se eligen para toda clase de templos unos lugares saludables; sobre todo 
con abundante agua si se dedican a Esculapio, a la Salud y a los dioses con cuyas medicinas 
parecen sanar muchos enfermos. Así es, cuando los enfermos hayan sido trasladados desde un 
lugar insalubre hacia otro más sano y cuando se les proporcione agua procedente de fuentes 
curativas, mejorarán rápidamente; de este modo, se conseguirá que, por la misma situación del 
lugar, la divinidad será objeto de opiniones muy positivas y elogiosas, con todo merecimiento. 
Asimismo se dará también ornamento natural si hacemos que las habitaciones y las bibliotecas 
reciban la luz, orientándolas hacia el este; que los baños públicos y los invernaderos reciban la luz 
desde el occidente; que las pinacotecas y las estancias, que precisan de una cierta luminosidad, 
reciban la luz desde el norte, ya que esta parte ni se oscurece ni adquiere más luminosidad en 
relación a la posición del sol, sino que mantiene una misma e inmutable claridad a lo largo de todo 
el día. 
La Distribución consiste en la administración apropiada de materiales y de terrenos, unida a unos 
costes ajustados y razonables de las obras. Obtendremos esta distribución si el arquitecto no va 
persiguiendo lo que no puede encontrar o preparar sin grandes dispendios. Veamos un ejemplo: no 
en todos los lugares se encuentra abundancia de arena de cantera, piedra para edificar, abetos, 
madera limpia y sin nudos, mármol, sino que cada uno de estos materiales se dan en lugares muy 
concretos y diferentes por lo que su transporte resulta complicado y muy costoso. Por tanto, donde 
no haya arena de cantera, utilizaremos arena fluvial o bien arena marina limpia. Cuando se carece 
de abetos o de troncos de madera limpia y sin nudos, utilizaremos cipreses, álamos, olmos, pinos. 
Se alcanzará un segundo tipo de distribución cuando se levanten edificios de acuerdo con el uso al 
que van destinados, de acuerdo con los propietarios, con su nivel económico o con la dignidad de 
los inquilinos. Parece claro que las viviendas urbanas deben levantarse de una manera y de otra 
muy distinta las viviendas rústicas, donde se almacenan los frutos del campo; no es lo mismo 
construir para prestamistas avaros que para personas honestas y exquisitas; si se trata de 
ciudadanos influyentes que dirigen el Estado con sus resoluciones, sus viviendas se dispondrán 
para tal uso. En una palabra, siempre se debe tomar una distribución adecuada a la personalidad 
de cada uno de los inquilinos de las viviendas. 
Tres son las partes de la arquitectura: la Construcción, la Gnomónica y la Mecánica. A su vez, la 
construcción se divide en dos partes: una parte trata sobre la disposición de murallas y de obras 
comunes en lugares públicos; la otra parte trata sobre el desarrollo de edificios privados. En los 
edificios públicos se dan tres posibles objetivos: la protección, el culto y la situación ventajosa. La 
protección se refiere a la estructura de muros, torres y portalones, con la finalidad de rechazar en 
cualquier momento los ataques de los enemigos. El culto hace referencia a la ubicación de los 
templos de los dioses inmortales y de los santuarios sagrados. La situación ventajosa consiste en 
la disposición de lugares comunes destinados a uso público, como son los puertos, foros, pórticos, 
baños públicos, teatros, paseos y construcciones similares, que se disponen en lugares públicos, 
atendiendo a una misma finalidad de uso. 
Tales construcciones deben lograr seguridad, utilidad y belleza. Se conseguirá la seguridad cuando 
los cimientos se hundan sólidamente y cuando se haga una cuidadosa elección de los materiales, 
sin restringir gastos. La utilidad se logra mediante la correcta disposición de las partes de un 
edificio de modo que no ocasionen ningún obstáculo, junto con una apropiada distribución —según 
sus propias características— orientadas del modo más conveniente. Obtendremos la belleza 
cuando su aspecto sea agradable y esmerado, cuando una adecuada proporción de sus partes 
plasme la teoría de la simetría. 
He aquí los principios fundamentales en la construcción de las murallas. En primer lugar, se 
seleccionará un terreno totalmente favorable: un terreno elevado y abierto, despejado de nieblas y 
con una orientación que no sea ni calurosa ni fría, sino templada; se evitará, además, la proximidad 
a terrenos pantanosos, pues al amanecer, cuando las brisas matutinas llegan a la ciudad, esparcen 
el olor de las bestias que viven junto a los pantanos —un olor nauseabundo— entremezclado con 
la niebla que llega hasta los mismos habitantes, quienes, al inhalarlo con su aliento, sufren las 
consecuencias que ocasiona un terreno insalubre y pestilente. De igual modo, tampoco será 
salubre la ubicación de las murallas junto al mar, orientadas hacia el mediodía o hacia el occidente, 
pues cuando lleguen los calores del verano, al amanecer el calor es fuerte y al mediodía abrasará; 
de igual modo, sí su orientación es hacia el occidente, al amanecer el Sol calienta ligeramente, al 
mediodía agobia y al atardecer será ardiente. En consecuencia, por tales cambios de temperatura, 
de calor y de frío, los seres animados que habitan en estos lugares acaban alterándose. También 
es válido incluso para las cosas inanimadas. Efectivamente, nadie debe orientar hacia el sur ni 
hacia el poniente, sino hacia el norte las bodegas de vino cubiertas, pues esta orientación mantiene 
siempre una temperatura constante e invariable. Lo mismo sucede con los graneros que, 
orientados hacia el curso del Sol, rápidamente alteran las buenas condiciones de las vituallas y de 
los frutos, que, al no estar colocados en una exacta orientación, sino opuestas al curso del Sol, no 
se conservan durante largo tiempo. Así es, cuando el calor abrasa, con sus radiaciones elimina la 
consistencia de las substancias, con sus cálidos vapores va absorbiendo sus propiedades 
naturales, y, por efecto del calor, las debilita y las atrofia. Fenómeno que también advertimos en el 
hierro, pues, aunque es un mineral duro por naturaleza, cuando en las fraguas se pone al rojo vivo, 
por efecto del fuego se hace moldeable, de manera que se puede forjar con facilidad cualquier forma. Si estando al rojo vivo y siendo moldeable, se enfría templándolo con agua fría, de nuevo se 
vuelve duro y adquiere sus propiedades naturales. Libro Primero 
Podemos pensar en la autenticidad de tales fenómenos, debido a que en el estío todos los cuerpos 
se debilitan por el calor, tanto estén en lugares pestilentes como en lugares saludables; e incluso 
durante el invierno, las zonas que son pestílentes se vuelven saludables ya que se hacen más 
consistentes, como consecuencia del frío. 
Exactamente igual sucede cuando las personas se trasladan desde regiones frías hacia regiones 
cálidas: no pueden mantenerse inalterables, sino que se debilitan. Por el contrario, los que desde 
regiones cálidas se trasladan a zonas frías del norte, no sólo no enferman con el cambio de lugar, 
sino que se robustecen. Por todo ello, debe ponerse sumo cuidado en la ubicación de las murallas, 
alejándolas de aquellas zonas que puedan esparcir aires cálidos hacia sus habitantes. De acuerdo 
con los principios o elementos primarios, en griego stoichea, todos los cuerpos se componen de 
fuego, agua, tierra y aire que, al mezclarse entre si según su temperatura natural, conforman las 
propiedades de todos los seres animados, hablando en términos generales. 
Por tanto, cuando el calor sobrepasa los límites naturales destruye y disuelve con su ardor los otros 
elementos naturales; tales anomalías son también una consecuencia de un clima férvido, en 
algunas partes concretas: el calor afecta a las venas superficiales con más intensidad de la que 
puede soportar el cuerpo, de acuerdo a su temperatura natural, según la mezcla que lo compone. 
Si el agua llena las venas del cuerpo y logra que sean desiguales los otros tres principios, éstos se 
desvirtúan, corrompidos por el elemento líquido y, en consecuencia, se anulan las cualidades que 
poseían debido a su composición o mixtura. Los mismos efectos ocasiona el enfriamiento de las 
brisas y del agua, que provoca alteraciones en el cuerpo. De igual modo, si se aumenta o 
disminuye la composición natural del elemento tierra o del elemento aire, se consigue un 
debilitamiento de los otros elementos básicos: los terrenos, con copiosas y excesivas comidas y los 
aéreos con un clima excesivamente duro. 
Si se quisiera observar todo esto sensorialmente y de un modo preciso, basta constatarlo y prestar 
atención a la naturaleza de las aves, peces y animales de tierra; así, se percibirá la diferencia de 
temperatura y de composición. Las aves poseen una determinada mixtura, otra los peces y otra 
muy distinta los animales de tierra. Los animales alados poseen menos elementos de tierra y de 
agua, un moderado calor, pero mucha cantidad de aire y, en consecuencia, al estar compuestos de 
elementos ligeros se elevan en el aire con toda facilidad. Por otra parte, los peces poseen una 
temperatura templada con gran cantidad de elemento aire y tierra y muy poco de elemento agua y, 
precisamente porque tienen poco elemento liquido, con toda facilidad subsisten en el agua y 
cuando son sacados a tierra mueren, justo al abandonar el agua. 
Por la misma razón, los animales terrestres poseen menor cantidad de tierra y muchísima de agua, 
ya que tienen una temperatura templada por el aire y el calor; precisamente porque en ellos 
abundan las partes húmedas, es imposible que pervivan dentro del agua durante largo tiempo. 
En conclusión, si las cosas son realmente como las hemos expresado, si percibimos que los 
cuerpos de los animales están compuestos de tales principios o elementos y si pensamos que 
éstos se debilitan y mueren debido a un exceso o a una deficiencia de elementos, no tenemos la más mínima duda de que es muy conveniente buscar con todo interés la ubicación de las murallas, 
con el fin de elegir zonas más templadas, puesto que lo que perseguimos es la salubridad en la 
disposición de las murallas. En mi opinión, se debe volver insistentemente a la teoría de los autores 
antiguos. En efecto, éstos al inmolar animales que habían estado pastando en parajes donde se 
levantaban fortalezas o campamentos fijos, examinaban sus hígados y si los encontraban 
amoratados y enfermos, inmolaban otros animales ante la duda de si estaban enfermos por alguna 
indisposición, o bien por tomar pastos en mal estado. Como eran muy expertos, cuando veían que 
los hígados estaban sanos, por alimentarse de agua y de pastos, precisamente en ese lugar 
levantaban sus fortificaciones. Si hallaban los hígados enfermos, por lógica trasladaban tal 
situación a los humanos, en el sentido de que en esos mismos parajes con el tiempo se iba a 
producir abundancia de agua insalubre y de alimentos nocivos y, así, se iban a vivir a otro sitio, 
buscando ante todo la salubridad. 
Libro Primero 
Podemos concluir que si la tierra es saludable para el pasto y el alimento, sus propiedades son 
también salubres, como vemos en las tierras de la ciudad de Creta, cerca del río Potero, que fluye 
entre las ciudades de Cnosos y Gortina. A derecha y a izquierda del río pacen los rebaños. Pero 
los que pacen cerca de Cnosos padecen esplenitis y los que pacen al otro lado, cerca de Gortina, 
no sufren tal enfermedad del bazo. Por esta circunstancia, los médicos buscaban el porqué de tal 
enfermedad y descubrieron en estos pastos una clase de hierba que, al rumiaría los rebaños, 
disminuía su bazo. Recogiendo precisamente esta hierba, sanan a los enfermos de bazo con este 
medicamento, que los cretenses denominan asplenon. Por ello, podemos conocer que las 
propiedades de los lugares son naturalmente insalubres o, por el contrario, salubres debido a sus 
pastos y a su agua. Si se van a levantar unas murallas en terrenos pantanosos, situados junto al 
mar y orientados hacia el septentrión, o bien entre el septentrión y el oriente, y si tales pantanos 
estuvieran en lugares más altos que el litoral del mar, entonces con toda tranquilidad se podrán 
construir las murallas. Se cavarán unos canales que verterán el agua en el litoral y, al subir el nivel 
del mar por causa de las mareas, se llenarán las lagunas con sus movimientos marítimos. Y se 
mezclarán sus aguas, lo que imposibilitará que nazcan animales lacustres y los que alcancen el 
cercano litoral nadando, al no estar acostumbrados al salitre, perecerán. Un ejemplo de lo que 
estamos tratando pueden ser las lagunas Gálicas, que están próximas a Altino, Rávena, Aquilea y 
otros municipios que, al estar muy próximos a estas lagunas, gozan de una extraordinaria 
salubridad. En otros lugares encontramos lagunas que no desaguan ni por medio de ríos ni por 
canales, como la laguna Pontina, cuyas aguas se corrompen exhalando unos vapores densos y 
pestilentes. 
En Apulia, una antigua fortaleza llamada Salpis, fundada por Diomedes a su regreso de Troya, o 
bien, como relatan algunos escritores, fundada por Elfias de Rodas, había sido construida en estos 
parajes pantanosos, por lo que sus habitantes, al caer gravemente enfermos cada año, se 
acercaron a M. Hostilio y con suplicas consiguieron que les buscara y les eligiera una ubicación 
adecuada para trasladar allí su fortaleza. M. Hostilio, apoyándose en argumentos de peso, adquirió 
unas tierras junto al mar, en un lugar salubre, y pidió al Senado y al pueblo romano que le 
permitieran trasladar la fortaleza: levantó las murallas, parceló su superficie y por un sestercio 
vendió a cada habitante un solar para su casa. Realizadas estas gestiones, abrió un paso desde el 
lago hacia el mar y llevó a cabo la construcción de un puerto en el mismo lago para el municipio. 
Actualmente los habitantes de Salpis, alejados apenas cuatro mil pasos de su antigua fortaleza, 
habitan en un lugar salubre. 
Por tanto, siguiendo estas normas conseguiremos unas condiciones favorables de salubridad para 
construir las murallas. Cuando se hayan elegido terrenos fértiles para la alimentación de la ciudad, 
cuando se logre un transporte fácil hacia las murallas bien mediante caminos protegidos, o bien por 
la situación ventajosa de los ríos, o bien por puertos de transporte marítimo, entonces deben 
excavarse los cimientos de las torres y murallas, de modo que se ahonde en tierra firme, si se 
puede encontrar, y con una profundidad que guarde relación con la magnitud de la construcción, 
siempre de un modo razonable; su grosor será más ancho que el de las paredes que se vayan a 
levantar sobre tierra y la cavidad que quede se rellenara con un compuesto lo más sólido y 
consistente posible. Igualmente, las torres deben elevarse por encima de los muros, con el fin de 
que desde las torres, a derecha y a izquierda, los enemigos puedan ser heridos desde ambos lados 
con armas arrojadizas, cuando intenten acercarse violentamente a la muralla. Sobre todo, debe 
ponerse la máxima precaución en que el acceso para asaltar el muro sea difícil; se ha de pensar la 
manera de rodear el perímetro con precipicios de forma que los corredores hacia los portalones no 
sean directos, sino orientados hacia la izquierda. Si se realizan de este modo, el lado derecho de 
quienes se acerquen, al no estar protegido por el escudo, quedará al descubierto. Las fortalezas no 
deben tener forma rectangular, ni tampoco ángulos salientes, sino que su forma será circular, con 
el fin de observar al enemigo desde distintos puntos. Las torres construidas con ángulos salientes 
son difíciles de defender, pues tales ángulos protegen más y mejor al enemigo que al habitante de 
la fortaleza. En mi opinión, el grosor de la muralla debe alcanzar tal anchura que al encontrarse 
hombres armados, por la parte superior, puedan adelantarse unos a otros sin ninguna dificultad. Se 
colocarán numerosos tablones alargados de madera de olivo endurecidos al fuego, de manera que 
ambos frentes de la muralla queden unidos por estos tablones entre si, como si fuera con unas 
grapas, logrando una consistencia muy resistente. Se trata de una clase de madera que no se daña 
ni por la carcoma, ni por el mal tiempo, ni por el paso de los años, sino que se mantiene en pleno 
vigor larguísimos años sin ninguna clase de defecto, aunque la enterremos o incluso la sumerjamos 
en agua. Así pues, tanto la muralla como los cimientos y - todas las paredes que se vayan a 
levantar, tendrán la anchura del muro y, unidas de esta forma, no se estropearán ni corromperán 
durante mucho tiempo. Las distancias entre las torres deben establecerse teniendo en cuenta que 
no estén tan alejadas una de otra que no puedan alcanzarse por una flecha, con el fin de que si 
una torre es atacada, sea posible rechazar a los enemigos desde las otras torres, que quedan a 
derecha e izquierda, mediante escorpiones u otra clase de armas arrojadizas. Frente a la parte más 
interior de las torres, deben abrirse en el muro unos espacios a intervalos, que sean equivalentes a 
la anchura de las torres, de modo que los accesos, entre las partes interiores de las torres, queden 
enlazados con planchas de madera y no de hierro. Así, si el enemigo se apoderara de alguna parte 
de la muralla, los defensores cortarán la madera y, si lo hacen rápidamente, impedirán que el 
enemigo penetre en las otras partes de las torres y de la muralla, salvo que éste decida lanzarse al 
precipicio. Las torres deben ser redondas o poligonales, pues si son cuadradas las máquinas de 
guerra las destruyen con toda facilidad, ya que los arietes rompen sus ángulos con sus golpes; 
pero si son circulares, con piedras en forma de cuña, aunque golpeen su parte central no pueden 
dañarlas. Las fortificaciones del muro y de las torres resultan mucho más seguras y eficientes si las 
amplificamos con toda suerte de materiales, de tierra de relleno, pues ni los arietes, ni las minas, ni 
las máquinas de guerra son capaces de dañarlas. No debe utilizarse tierra de relleno en cualquier 
lugar, sino únicamente en lugares que estén dominados por algún montículo por el exterior desde 
donde, con toda facilidad, hubiera acceso para atacar las murallas. En tales lugares deben cavarse 
unas fosas que tengan la mayor anchura y profundidad posible; posteriormente se excavarán los cimientos de la muralla dentro de la cavidad de la fosa, con una anchura suficiente para soportar 
sin dificultad toda la presión de la tierra. También, en la parte interior de los cimientos se construirá 
otro, que diste de la parte exterior un espacio suficiente donde puedan situarse unas cohortes en 
formación de combate, para actuar como defensa, ocupando toda la anchura de la tierra de relleno. 
Cuando los cimientos guarden entre sí esta distancia, entre ellos se colocarán otros transversales, 
unidos al muro exterior y al interior y colocados en forma de peine, como dientes de una sierra. 
Actuando así, el peso de la tierra quedará dividido en pequeñas partes y el volumen total no podrá 
deshacer los cimientos de la muralla bajo ningún concepto. 
Una vez terminadas las murallas circunvalantes, en su interior haremos la distribución de su 
superficie, plazas y callejuelas en dirección hacia los cuatro puntos cardinales. Esta distribución se 
trazará correctamente, en el supuesto de que los vientos no afecten de modo perjudicial a las 
callejuelas, pues si son fríos ocasionan daños; si son cálidos, provocan verdaderas alteraciones, y 
si son vientos húmedos, causan serios inconvenientes. Por ello, parece que debe evitarse y 
anularse este posible fastidio, con el fin de que no suceda lo que suele pasar en muchas ciudades. 
En la isla de Lesbos se encuentra la ciudad de Mitilene, magníficamente construida con gran 
belleza, pero ubicada de un modo muy imprudente. Por ello, los habitantes de esta ciudad caen 
enfermos cuando sopla el viento del sur; si sopla el viento del noroeste o de poniente, empiezan a 
toser, pero cuando sopla el viento del norte recuperan su buen estado de salud, mas no pueden 
permanecer ni en las callejuelas ni en las plazas, ya que el frío es muy intenso. 
Se define el viento como una agitación del aire que sopla con movimientos variables. El viento 
surge cuando el calor choca contra la humedad y el golpe de su acción hace salir la fuerza y 
violencia del aire. Podemos observar que es así a partir de unos vasos de bronce, llamados 
eolipilas (El matemático Herón de Alejandria (siglo I a.C.) fue el inventor de estas esferas huecas y 
metálicas); mediante este invento artificioso podemos averiguar la realidad de las ocultas 
estructuras del cielo. En efecto, las eolipilas son instrumentos cóncavos de bronce con un 
cuellecillo muy angosto por el que se vierte agua; posteriormente se colocan al fuego. Antes de 
calentarse, no emiten nada de aire, pero en cuanto empieza a hervir el agua arrojan un aire muy 
impetuoso. Así podemos formarnos una opinión sobre los grandes e inmensos secretos del cielo y 
de los vientos, a partir de un pequeño y muy insignificante ingenio. Si es posible alejarse de los 
vientos perjudiciales, se logrará un lugar salubre para los hombres sanos y robustos, y también, 
para quienes padezcan alguna enfermedad, que en otros lugares salubres lograrán su curación con 
medicamentos o antídotos, pero en estos lugares sanarán más rápidamente por el poder calorífico 
de los vientos, ya que hemos excluido los vientos incómodos. Las enfermedades que se curan con 
dificultad en las regiones anteriormente descritas son: faringitis, tos, pleuritis, tisis, vómitos de 
sangre y otras, que solamente se curan ingiriendo remedios, pero no mediante purgas. Son 
enfermedades difíciles de curar, pues se originan por el frío y además porque, debilitadas las 
fuerzas de la persona afectada por la enfermedad, el aire se encuentra convulsionado y atenúa o 
debilita sus cuerpos, debido a las fuertes sacudidas de los vientos, que extraen la fuerza vital de 
tales cuerpos enfermos y acaban consumiéndolos. Por el contrario, al soplar el aire suave y denso 
que no posee abundantes flujos y reflujos, debido a su estática inmovilidad, reconforta y rehabilita 
los miembros enfermos. 
A muchos autores les satisface clasificar los vientos exclusivamente en cuatro: al que procede del 
oriente equinoccial lo llaman Solano (viento de levante); al que sopla desde el mediodía, Austral 
(viento del sur); al del occidente equinoccial lo llaman Favonio (céfiro o viento de poniente); al que 
procede del septentrión, lo llaman Septentrión (viento del norte). Pero los autores que investigaron 
con más rigor nos dicen que los vientos son ocho; destacaremos a Andrónico de Cirrestres, quien 
levantó en Atenas, como demostración, una torre de mármol octogonal y en cada uno de sus 
laterales cinceló unas imágenes que representaban a cada uno de los vientos, frente a la dirección 
de cada uno de ellos; sobre la torre colocó una columna cónica, también de mármol y sobre ella 
dispuso un Tritón de bronce, que en su mano derecha extendida llevaba una vara; estaba situado 
de tal manera que giraba por acción del viento y siempre terminaba por quedarse quieto frente a la 
dirección del viento; con su vara indicaba la dirección, situándola encima de la imagen del viento en 
cuestión. Así, entre el viento Solano y el viento Austral situó el Euro, que sopla desde el levante; 
entre el Austral y el Favonio, interpuso el viento Ábrego, que procede del sudoeste; entre el 
Favonio y el Septentrión, el Cauro —que muchos llaman el Coro—. Y entre el Septentrión y el 
Solano, situó el Aquilón. Da la impresión que han sido denominados así con el fin de que su 
numero incluya los nombres y las regiones de donde soplan las corrientes de los vientos. Como 
este tema lo tenemos muy investigado y como hemos descubierto las zonas y los orígenes de los 
vientos, procederemos de la siguiente manera: se colocará un cuadrante de mármol en medio de la 
ciudad, perfectamente nivelado, o bien alisaremos un lugar y lo nivelaremos de modo que no sea 
preciso el cuadrante; sobre su parte central, en el medio, se colocará un gnomon de bronce, como 
indicador de la sombra —en griego, sciotheres—. Aproximadamente unas cinco horas antes del 
mediodía se marcará el extremo de la sombra del gnomon, que señalaremos con un punto; 
después, con ayuda del compás, situado junto al punto que señala la longitud de la sombra del 
gnomon, trazaremos una circunferencia. Debe observarse, igualmente, la sombra creciente del 
gnomon después del mediodía y, cuando dicha sombra alcance la línea trazada por el compás y se 
iguale con la sombra de antes del mediodía, allí mismo debe señalarse otro punto. Desde estos 
dos puntos, con el compás trazaremos una figura en forma de aspa y por el punto donde se corten 
las dos líneas del aspa, exactamente por ese punto, debe trazarse una línea hasta el extremo, y así 
quedarán señaladas tanto la parte o región meridional como la septentrional. A continuación, debe 
tomarse la decimosexta parte de la circunferencia y debe situarse el centro de la línea meridional 
donde corta la circunferencia; desde allí señalaremos a derecha y a izquierda —en la misma 
circunferencia— dos puntos: el de la parte meridional y el de la septentrional. A continuación, 
desde estos cuatro puntos se trazarán unas líneas por el centro donde se juntan los dos trazos del 
aspa, desde un extremo hasta el otro extremo. Así, la indicación del austro y del septentrión 
ocuparán una octava parte cada uno. Las partes restantes, tres a la derecha y tres a la izquierda, 
deben distribuirse por igual en la totalidad de la circunferencia, con el fin de que queden plasmados 
en el gráfico unos espacios iguales para los ocho vientos. Siguiendo los ángulos, entre las dos 
zonas de los vientos, se alinearán los trazados de las plazas y de las calles. Siguiendo esta 
estructuración descrita, los vientos perjudiciales quedarán excluidos de las viviendas y de las calles. 
Efectivamente, cuando las plazas se dispongan directamente frente a la dirección de los vientos, la 
intensidad del viento continuo se extenderá desde el cielo abierto con fuerte violencia y se 
potenciará al estar encerrado en las angostas callejuelas. Por ello, es necesario orientar los barrios 
atendiendo a las direcciones de los vientos, con el fin de que al llegar a las esquinas de los bloques 
de casas se debiliten y, repelidos, terminen disipándose. 
Libro Primero 
Quizá no salgan de su asombro quienes hayan conocido muchos más nombres de vientos, dado 
que nosotros simplemente hemos hablado de ocho vientos. Ahora bien, si observan el giro de la Tierra siguiendo el curso del Sol y las sombras del gnomon equinoccial según la inclinación del 
cielo, ya Eratóstenes de Cirene, apoyándose en argumentos matemáticos y en métodos 
geométricos, descubrió que dicho giro mide 252.000 estadios, que equivalen a 31.500.000 pasos; 
ahora bien, la octava parte de este total, que es la que ocupa una clase concreta de viento, medirá 
3.937.500 pasos, por lo que no deberán asombrarse si un solo viento, al propagarse en un espacio 
tan amplio, logra diversas orientaciones en su dirección, al desviarse y al replegarse. Así pues, a la 
derecha e izquierda del Austro normalmente soplan el Leuconoto y el Altano; a la derecha e 
izquierda del Africo, el Libonoto y el Subvespero; acompañando al Favonio suele soplar el Argestes 
(viento de poniente) y, en ocasiones, los vientos etesios; junto al Cauro, el Circias y el Coro; el 
Septentrión sopla acompañado con el viento de Tracia y el Galico; a derecha e izquierda del 
Aquilón, el viento del Adriático y el Cecias; al viento Solano lo acompañan el Carbas y, en 
ocasiones, el Omitias (vientos septentrionales); cuando el Euro ocupa la parte intermedia, a sus 
lados soplan el Eurocircias y el Volturno. Todavia se dan otros muchos nombres a los vientos que 
proceden de ciertos lugares muy concretos, o bien de los ríos o de los montes castigados por las 
tormentas. Además, podemos enumerar también a las brisas del amanecer cuando el Sol, 
emergiendo desde la parte subterránea, va absorbiendo la humedad del aire; al irse elevando el 
Sol, con sus rayos paulatinamente hace brotar las brisas con el viento prematutino. Los vientos que 
se mantienen al salir el Sol poseen las características del viento Euro y, precisamente por esto, 
todo lo que nace de las brisas los griegos lo llaman euros; y al dia de la mañana siguiente, debido a 
las brisas del amanecer, lo denominan aurion. No obstante, algunos autores niegan que 
Eratóstenes haya sido capaz de deducir la auténtica y verdadera medida de la Tierra. Bien sea 
cierta su medición o bien no lo sea, nosotros podemos definir los verdaderos límites de las distintas 
regiones de donde surgen los vientos. Por tanto, si las cosas son realmente así, solamente se 
delimitará la auténtica medida de la zona de los vientos donde soplan y se elevan con mayor o 
menor violencia. 
Puesto que hemos ofrecido una breve explicación, con el fin de que todo se comprenda sin 
grandes dificultades, me ha parecido bien plasmar en el último libro las dos figuras de los vientos, 
lo que los griegos llaman schemata: una representa y describe el origen de algunos vientos 
concretos y la otra muestra el modo de ubicar las casas y las plazas para evitar los vientos 
perjudiciales. En una planicie perfectamente allanada colocaremos un punto central, que 
denominaremos con la letra A; la sombra de la hora matinal antes del mediodía que proyecte el 
gnomon la señalaremos con la letra B, y desde el punto central (A) abriremos el compás justo hasta 
la letra B, desde donde trazaremos una circunferencia. Colocando de nuevo el gnomon donde 
había estado antes, debe esperarse, mientras la sombra va decreciendo, hasta que logre igualar la 
sombra de la hora posterior al mediodía con la sombra anterior al mediodía y entonces alcanzará la 
línea de la circunferencia, que representaremos con la letra C. Desde el punto B y desde el punto C 
descríbanse con exactitud unas circunferencias y el punto de intersección lo representaremos con 
la letra D; a continuación, por el punto donde se cortan las líneas en forma de aspa y por el mismo 
centro donde está la letra D, trácese una línea hasta el extremo y, en esta línea, situaremos las 
letras E y F. Esta línea (E-F) será la que indica la división del mediodía y del septentrión. Con 
ayuda del compás debe tomarse una decimosexta parte de toda la circunferencia y debe colocarse 
la punta del compás en la línea meridiana, que está tocando la circunferencia, donde hemos 
señalado la letra E, y, a derecha y a izquierda, señalaremos las letras G, H. Igualmente, en la parte 
septentrional debe colocarse de nuevo la punta del compás en la línea septentrional de la 
circunferencia, donde está la letra F, y, a derecha e izquierda, marcaremos las letras I, K; desde la 
letra G hasta la letra K y desde la letra H hasta la letra I, trácense unas líneas pasando exactamente por el centro. De esta forma, el espacio que queda entre las letras G y H será el 
espacio que corresponda al viento austral y a la parte meridional; el espacio que media entre las 
letras I y K será el espacio del viento del septentrión. Las restantes partes deben dividirse por igual 
en tres a la derecha y tres a la izquierda: las partes orientadas al este tendrán las letras L, M, y las 
del oeste las letras N y O. Con toda precisión deben trazarse unas líneas desde el punto M hasta el 
punto O y desde el punto L hasta el punto N. Así obtendremos exactamente iguales los ocho 
espacios que corresponden a cada uno de los vientos, en toda la circunferencia. Cuando todo 
quede plasmado de esta manera, en cada uno de los ángulos del octógono, si empezamos desde 
el mediodía, en el ángulo que aparece entre el Euro y el Austral, hallaremos la letra G; entre el 
Austral y el Abrego, en su ángulo, estará la letra H; entre el Abrego y el Favonio, la letra N; entre el 
Favonio y el Coro, la letra O; entre el Coro y el Septentrión, la letra K; entre el Septentrión y el 
Aquilón, la letra I; entre el Aquilón y el Solano, la letra L; entre el Solano y el Euro, la letra M. Una 
vez realizado de esta manera, colóquese el gnomon entre los ángulos del octógono y de esta forma 
se trazaran las distintas direcciones de las calles de la ciudad
Una vez realizadas las divisiones y direcciones de las calles y situadas correctamente las plazas, 
deben elegirse las superficies de utilidad colectiva de la ciudad, teniendo en cuenta la situación 
más favorable para ubicar los santuarios, el foro y demás edificios públicos. Si la ciudad se levanta 
al lado del mar, debe elegirse una superficie para construir el foro próxima al puerto; si, por el 
contrario, va a estar lejos del mar, el foro se construirá en medio de la ciudad. Los solares para los 
santuarios de los dioses tutelares de la ciudad y para Júpiter, Juno y Minerva elíjanse en un lugar 
suficientemente elevado, desde donde pueda observarse la mayor parte de la ciudad. El templo 
para Mercurio, y en su caso para Isis y Serapis, se situará en el foro o mercado; el de los dioses 
Apolo y Baco, junto al teatro; en las ciudades donde no haya 
gimnasios ni anfiteatros, el templo dedicado a Hércules se levantará junto al circo; a Marte, fuera 
de la ciudad pero próximo a su termino; el templo dedicado a Venus se levantará junto al puerto. 
En los textos de los arúspices etruscos se nos clarifica que los templos de Venus, Vulcano y Marte 
se han de levantar fuera de las murallas, para que los placeres de Venus no sean practicados en la 
ciudad ni por los jóvenes ni por las madres de familia; si se provoca la fuerza de Vulcano mediante 
ritos y sacrificios, parece que los edificios se ven libres de sufrir incendios, situados fuera de las 
murallas. Dado que la deidad de Marte está consagrada fuera de las murallas, no surgirá entre los 
ciudadanos ninguna discusión o divergencia con uso de armas, sino que se mantendrá protegida la 
ciudad del peligro de la guerra. A la diosa Ceres se la venerará en un lugar fuera de la ciudad, y 
solamente deben acercarse a su templo para realizar sacrificios, pues es un lugar que debe 
guardarse escrupulosa y honestamente; con buenas costumbres. Para el resto de los dioses, 
deben repartirse los solares acordes al tipo de sacrificios que se realicen en sus templos. 
En los libros tercero y cuarto explicaré las condiciones para construir los santuarios así como para 
fijar la simetría de las distintas superficies, pues me ha parecido más oportuno tratar en el libro 
segundo sobre los recursos materiales que deben disponerse para los edificios, estudiando sus características y sus ventajas. También expondré la proporción y órdenes de los edificios y cada 
una de las clases o tipos de simetría. Así lo explicaré en cada uno de los libros. 

Comentarios

Alejandro ha dicho que…
Leíste lo que publicaste?
Te felicito!!!

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