Persecuciones

Nerón y Domiciano han sido considerados como los emperadores que 
inauguraron las persecuciones del Imperio Romano contra el cristianismo primitivo. Esta 
tradición tiene su origen en la Apología de Melitón de Sardes, las obras de Tertuliano, 
principalmente en el Apologeticum y en el Ad Nationes (s. II- III d.C.), así como las obras de 
Eusebio de Cesarea, Lactancio, Orosio y Sulpicio Severo. En las fuentes literarias cristianas 
redactadas desde sus reinados hasta el año 170, encontramos un silencio sobre estas 
persecuciones y sus autores. Nuestros objetivos son presentar los resultados obtenidos en 
nuestro trabajo de investigación “El cristianismo primitivo ante la civilización romana, 
¿culpable o víctima del enfrentamiento entre ambos? (64-268)” sobre dicha cuestión, 
analizar la transformación que experimentan estos emperadores por parte de los primeros 
escritores cristianos y presentar las hipótesis que expliquen el silencio con respecto a la 
actuación de Nerón y Domiciano contra los cristianos en las fuentes literarias cristianas más 
antiguas. 
A comienzos del siglo V d.C., Orosio elaboró las Historiae Adversus Paganos, una 
obra histórica en la que señaló hasta diez persecuciones anticristianas, comparándolas con las diez plagas de Egipto
 del libro del Éxodo. Esta comparación fue juzgada 
escépticamente por Agustín de Hipona
. En el estudio de las persecuciones, lo acertado 
sería diferenciar hasta tres fases, como estableció G. E. M. de Ste. Croix
No nos centraremos solamente en las supuestas persecuciones de Nerón y 
Domiciano: nuestros objetivos pasan también por analizar la visión que se forjó en torno a 
ellos en los siglos posteriores y plantear hipótesis que nos ayuden a explicar por qué no 
aparecen sus nombres en las fuentes cristianas anteriores al año 170 d.C. 
Para ello, abordaremos brevemente las persecuciones de ambos emperadores, 
analizaremos las fuentes en las que aparecen como perseguidores y estudiaremos algunos 
ejemplos procedentes del Nuevo Testamento, los Padres Apostólicos así como los 
apologetas griegos, que se refieran a Roma o su redacción tenga como origen dicha ciudad. 

La persecución de Nerón (64 d.C.)

En el verano del 64 d.C. un incendio
 destruyó la mitad de los catorce distritos de la 
ciudad de Roma
. La catástrofe tuvo como consecuencia el surgimiento de una serie de 
rumores que acusaban de incendiario al emperador Nerón (54-68). Supuestamente, el 
emperador, mientras Roma ardía, se dedicó a tocar la lira y a cantar como si estuviera 
presenciando en directo el incendio de Troya
. A pesar de atender a las víctimas del 
incendio, los rumores no desaparecieron. El emperador no tuvo otra opción que buscar un 
chivo expiatorio
El chivo expiatorio escogido fue la comunidad cristiana. Esto no habría sido posible 
si, por un lado, la comunidad cristiana no se hubiera consolidado en la ciudad y, por otro 
lado, no existiera un gran sentimiento de animadversión contra ésta, no sólo por parte de la 
sociedad romana
, sino también por parte de los judíos, si tenemos en cuenta que los cultos 
cristianos se estaban realizando al margen de la sinagoga Los detalles de la represión 
neroniana las encontramos en Tácito, en un pasaje que ha suscitado todo un debate 
historiográfico sobre su autenticidad
Tácito es el único autor pagano (si exceptuamos a Sulpicio Severo, del s. V d.C., 
que usó como fuente principal a Tácito) que vincula el “anticristianismo” de Nerón con el 
incendio de Roma. Suetonio, en su biografía de Nerón, se dedica a informarnos que el 
emperador persiguió a los cristianos por profesar una superstitio nova et malefica
Paralelamente a la represión neroniana han surgido debates sobre la imputabilidad 
del incendio hacia los cristianos y las bases jurídicas empleadas por Nerón para detener, 
juzgar y ajusticiar a los cristianos, sobre todo teniendo en cuenta la cuestión del institutum 
neronianum
 mencionado por Tertuliano
Es muy probable que la comunidad judía de Roma empleara sus posibles 
conexiones en la corte imperial para que se culpara a la comunidad cristiana y así poder 
evitar algún tipo de reacción popular antijudía a pesar que los judíos estaban en una 
posición más privilegiada que los cristianos, al ser considerada su religión como religio licita. 
No es descartable que la comunidad cristiana fuera detenida a través de denuncias 
realizadas por algunos cristianos, que serían objeto de la operación policial llevada a cabo 
en Roma en la que se detendría tanto a los autores del incendio (si es que los hubo) como 
a los cristianos. 
No puede asegurarse nada sobre el origen del incendio. Todo parece indicar que 
tuvo un origen fortuito y que, como se ha señalado recientemente, no es descabellado 
pensar que pudiera ser alimentado y explotado por gentes de muy heterogénea 
procedencia, entre los que no se podría descartar la presencia de cristianos. De haber 
tenido los cristianos responsabilidad en el incendio de Roma, dicho dato habría sido omitido 
por la literaria cristiana primitiva. 
Los castigos reservados a los cristianos son conocidos. Estaríamos por tanto ante 
la primera matanza de cristianos “en masa”, a pesar de que no podemos calcular con 
exactitud el número de víctimas. La importancia de este episodio no estaría en la muerte 
violenta de los cristianos de Roma sino en el precedente que se creó: la aceptación oficial 
por parte del Estado de la acusación de superstitio illicita y que las autoridades dieran 
credibilidad a las calumnias populares contra los cristianos, los flagitia

La persecución de Domiciano (95 d.C.)

Domiciano y su supuesta intervención contra los cristianos, considerada como la 
“segunda persecución” (Domiciano sería el segundo persecutor, tras Nerón), ha sido objeto 
de un fuerte debate historiográfico. Suetonio presenta a Domiciano como un ser tiránico y 
despiadado, que convirtió los últimos años de su reinado en una atmósfera de terror, 
llevando a cabo una dura represión contra la clase senatorial, los filósofos. Las víctimas más 
célebres fueron miembros de la familia imperial. Esta represión ha sido fechada en el año 95 
d.C.
Obsesionado por la traición, desterró a los filósofos, condenó a muerte los cónsules 
Acilio Glabrión y Tito Flavio Clemente, acusándolos no solo de ateísmo sino también de 
adoptar “costumbres judaicas”. Otra víctima fue Flavia Domitila, esposa de Flavio Clemente, 
desterrada a la isla de Pandataria
La adopción de costumbres judías y el crimen de ateísmo convirtieron posteriormente 
a Flavio Clemente y a Flavia Domitila en mártires cristianos. Aún así, la historiografía se 
resiste a reconocerles como tales, porque no puede afirmarse que se produjera una 
persecución encarnizada contra los cristianos, no sólo en Roma, sino también en todo el 
Imperio. Sin embargo, había ya muchos cristianos pertenecientes a las clases dirigentes 
de la sociedad romana. El libro del Apocalipsis, cuya redacción suele situarse por estos 
años, denuncia la hostilidad mostrada por Roma hacia las comunidades cristianas más 
importantes del Asia Menor
Las referencias literarias más antiguas del “anticristianismo” de Nerón las 
encontramos en las obras de Tácito y Suetonio (las de Domiciano, supuestamente, en 
Suetonio). Las primeras referencias cristianas las detectamos en una obra perdida, 
mencionada en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea: la Apología dirigida a Marco 
Aurelio por Melitón de Sardes en torno al año 170 d.C. En esta obra se presenta como 
persecutores a Nerón y Domiciano, a los que considera como “malos emperadores”
Sin restar importancia a Meliton y su obra, las referencias de estos emperadores 
como persecutores, en una obra que haya llegado a nuestros días sin ser mencionada en 
otra posterior, las encontramos en las obras de Tertuliano, principalmente en el Apologeticum. Tertuliano insta a los destinatarios a que revisen su propia historia para que 
pudieran comprobar que Nerón fue el que persiguió por primera vez a los cristianos
 A Domiciano, lo compara a Nerón y lo equipara en crueldad. Sobre su actuación 
con respecto a los cristianos, la considera “tímida” como consecuencia de la renuncia del 
emperador. Los castigados con el exilio pudieron volver a sus hogares al ser derogadas las 
actas por el propio emperador. Este dato no es del todo correcto
En el siglo IV d.C. Nerón y Domiciano encabezaron las listas de persecutores, 
durante los primeros pasos de la naciente historiografía cristiana, representada en las obras 
de Lactancio (De Mortibus Persecutorum) y Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica). 
Lactancio nos explica los motivos que convirtieron a Nerón en convertirse en el primer 
perseguidor: la llegada de San Pedro a Roma, los milagros que realizó y el éxito del 
cristianismo. Al describir su final, no afirma que se suicidara: se limita simplemente a 
decirnos que desapareció, añadiendo que el lugar en el que su cuerpo fue sepultado jamás 
se encontró. Lactancio sostiene que murió, pero no puede revelar en dónde fue enterrado
En la obra de Lactancio encontramos información interesante sobre la creencia que 
vinculaba a Nerón con el Anticristo. No obstante, no cree en aquello que expone
Defiende la existencia de dicha creencia en el hecho de que Nerón fuera el primero de los 
persecutores, porque ello le convertiría en el último y en el precursor del Anticristo con la 
llegada del fin de los tiempos. 
Ésta es otra creencia a añadir a la mentalidad popular milenarista en torno al Nerón 
escatológico, alimentada por los Oráculos Sibilinos
 o El martirio y ascensión de Isaías. Si 
bien no mencionan a Nerón de forma explícita, el contenido ha conducido a los especialistas 
a sostener que hacen alusión a este emperador, aunque implícitamente. No obstante, todas 
estas creencias no poseen ningún tipo de credibilidad para Lactancio
Domiciano también está presente en la lista de persecutores proporcionada por 
Lactancio en su obra, considerándolo un tirano a la altura de Nerón. Su reinado, nefasto 
desde un principio, pone su punto y final cuando el emperador decidió actuar en contra de 
los cristianos. De esta manera, nos da a entender que si no hubiese llevado política 
anticristiana alguna, su reinado habría sido largo y duradero, a pesar de que lo considera un 
“mal emperador”. Su persecución tendría como origen a los daimones (demonios) que 
habrían empujado al emperador a perseguir a los cristianos. La fatalidad de su castigo no 
sólo afectó a su propia vida. También a su memoria póstuma. A pesar de realizar una labor 
urbanística notable, su memoria fue sometida a una damnatio memoriae
Eusebio de Cesarea dedica capítulos a describir el carácter persecutorio de Nerón y 
Domiciano. Del primero nos dice que puso sus manos impías sobre los cristianos 
coincidiendo con su posición consolidada en el poder imperial. A Domiciano, en una línea 
semejante a Tertuliano y Lactancio, lo consideró un “sucesor” de Nerón, comparándolo en 
su animadversión al cristianismo. Además nos expone una noticia curiosa e incompatible 
con su carácter “anticristiano”: Domiciano habría dado la orden de ejecutar a los miembros 
de la estirpe de David. Al percatarse de que entre estos había algunos parientes de Cristo, 
sus vidas fueron respetadas y la persecución quedó anulada
Las siguientes fuentes literarias cristianas que contienen referencias de Nerón y 
Domiciano como persecutores son aquellas cuya autoría recae sobre Sulpicio Severo y 
Orosio Sulpicio Severo señaló como primer perseguidor a Nerón. La creencia escatológica 
recogida por Lactancio que convertía a Nerón en el último perseguidor y en el predecesor 
del Anticristo, fue puesta en duda por su parte. Sulpicio utilizó como principal fuente para la 
persecución anticristiana de Nerón, el famoso pasaje de los Annales de Tácito. Sobre su 
muerte, afirma que se suicidó y desconoce el paradero de su cuerpo. Por ello, nos informa 
sobre la existencia de una creencia de su época apoyada en un pasaje del Apocalipsis de 
San Juan, que defendía que Nerón habría sobrevivido a la herida que el mismo se habría 
infringido para que pudiera regresar y cumplir su labor como precursor del Anticristo
En su Epístola al diácono Aurelio, con motivo del relato de la muerte de Martín de 
Tours, afirmó que a éste último hubiera deseado ser mártir, pero no pudo serlo por la época 
en la que le tocó vivir. Cuando pone de manifiesto el deseo de Martín de haber sido mártir y 
haberse entregado voluntariamente a la muerte, pone como ejemplos de épocas martiriales 
los reinados de Nerón y Decio
En el Dialogo segundo, Sulpicio nos relata la presencia de Martín en el sínodo de 
Nimes del año 396 d.C. En él, Martín da a conocer sus creencias escatológicas sobre el fin del mundo. El pensamiento de Martín de Tours se basaba en que antes del fin del 
mundo, debían intervenir antes tanto Nerón como el Anticristo. Nerón se convertiría de 
nuevo en un perseguidor, sometiendo a los monarcas de la zona occidental y obligando a 
toda la humanidad a prestar adoración y culto a los ídolos. El Anticristo, actuaría en Oriente, 
conquistando Jerusalén y convirtiéndola en capital de su reino, reparando tanto la ciudad 
como su Templo. El Anticristo y Nerón llevarían a cabo una persecución para obligar a la 
humanidad a que renunciase al cristianismo, engañando el Anticristo a ésta presentándose 
como Cristo y obligando a la circuncisión.Para Martín de Tours, el Anticristo no era una 
idea, sino una realidad, una realidad que en su época contaba con ocho años. 
Con respecto a Domiciano, las líneas dedicadas al reinado de este emperador y a 
su carácter anticristiano serían semejantes a las dedicadas al resto de emperadores que 
Severo consideró como persecutores
Orosio, en su Historiae Adversus Paganos, señaló como primer perseguidor a 
Nerón. El resto de emperadores, tratados como persecutores, lo fueron porque al 
principio lo fue Nerón. La repetición de este dato nos conduciría a pensar en que Orosio 
consideraría a los diez perseguidores de un modo similar a una dinastía real, cuyo fundador 
sería Nerón y su sucesor inmediato Domiciano
No hay duda sobre la presencia de Nerón y Domiciano en las fuentes ya citadas, y 
en la unanimidad de todas ellas en vincularles a acciones persecutorias. El problema, que 
nos ha llevado a la redacción de este artículo, recae sobre las fuentes redactadas 
anteriores al año 170 d.C. Las cartas atribuidas tradicionalmente al apóstol Pedro nos 
informan de persecuciones y tribulaciones. Referencias muy parecidas las hallamos en la 
Epístola a los Hebreos. En estas obras y en los demás libros neotestamentarios 
redactados entre finales del s. I y principios del II no existe ni una sola referencia explícita 
sobre acciones persecutorias promovidas por Nerón y Domiciano. 
La única fuente que podríamos considerar como una excepción, en la que alguno de 
estos dos emperadores (o incluso ambos) pudieran estar siendo mencionados, aunque de 
modo implícito, sería el Apocalipsis, en especial a los cálculos y teorías en torno al famoso 
pasaje del “número de la Bestia, el número 666, vinculado al demonio
Los autores cristianos que forman parte de los “Padres Apostólicos” tampoco 
mencionan acciones de Nerón y Domiciano contra los cristianos. Al comienzo de la I .
Epístola a los Corintios de Clemente de Roma, escrita a finales del siglo I, se informa a los 
cristianos de Corinto de una serie de problemas y conflictos que han afectado en el pasado 
a la comunidad de Roma. El autor defiende como origen de tales problemas la envidia 
existente entre los cristianos y no el deseo de Nerón en alejar de su persona los rumores 
que lo culpaban del incendio de Roma o la dura represión política de Domiciano. 
La plegaria dirigida a Dios por la salud y el bienestar de la figura del emperador, la 
cual encontramos al final de dicha epístola, nos hace pensar que tal epístola fue redactada 
tras los reinados de estos dos emperadores, ya en época de Nerva o en época de Trajano
Ignacio de Antioquía escribió epístolas a diversas comunidades cristianas, entre ellas 
a la de Roma. En su discurso no encontramos tampoco ni una solo referencia a Nerón y 
Domiciano y a sus persecuciones. Los temas de dicha epístola giran en torno a su futuro 
martirio en Roma y a la actitud que deben mostrar los cristianos ante diversas situaciones o 
momentos
Justino, apologista griego y autor de la II Apología, en la segunda mitad del siglo II 
nos relata los acontecimientos derivados de la actuación del prefecto de Roma Úrbico con 
respecto al juicio y muerte de tres cristianos: Ptolomeo, Lucio y un tercero del cual no 
sabemos su nombre, además de las consecuencias de la conversión al cristianismo de uno 
de los dos miembros de un matrimonio romano. Habiendo transcurrido casi un siglo desde 
la persecución de Nerón y aproximadamente setenta años desde la de Domiciano, lo cierto 
es que no hay referencia alguna ni una intención por parte del autor en elaborar una 
retrospectiva histórica con fines apologéticos. 
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